Ángela Segovia, de
paso a la ya tan
Eds. Ártese quien pueda, Madrid, 2013
1/
de paso a la ya tan y en la portada
deste libro pequeño: un torrente en blanco y negro. Libritorrente. Espuma
blanca, aguas negras. Agitación. Energía cinética.
de paso
a la ya tan y en la primera página el dibujo de una
centáuride, en señal de lo que va a suceder: metamorfosis e hibridez entre lo
humano y lo animal ‒ o el
recordatorio de que somos animales.
Luego,
las tres partes o movimientos: flujos,
caminos, trayectorias, enhebradas por esta inscripción: si hablo es porque tengo algo que se rompe.
2/
La ruptura pone en movimiento y engendra flujos, la ruptura de salir a los
caminos, la ruptura permanente de las trayectorias de trenes y demás, la madeja
de los desplazamientos entreverada en una cartografía de los pasos rumbo a.
de paso
a la ya tan o el
segundo de estar en ágil marcha, y FLUJOS la fuga de una cárcel o todo lo
que sea palacio de lacultura o sanatorio o algún que otro curro ingrato a decir
terror. Aun en el dilema y la indecisión, el animal que habla nunca sale por donde entra ‒ Lalo Cura
salta al otro lado del muro, sabe que no se pertenece y que el torso del signo se
desnuda, la duda recrece y, sin eclipsar el movimiento, es asimismo vaivén,
aunque el flujo no sea fluidez. El flujo no es fluidez y puede ser que esto
provenga del problema de la precisión,
cómo
aproximarse exacto a algo
indefinidamente
enorme
pero sin
cercarlo ni el recuerdo
sino el
estar expuesto así en
la
escalera
El animal se pregunta por la precisión. Y el
gesto de responder es el delirio. La suspensión, el vilo, la foto de un pie
suspendido antes de pisar la calle, y una vez allí, fuera, el acecho del
suicidiario como lugar cualquiera de traspaso ‒ una
plataforma en lo alto de un edificio isósceles o el andén del metro. La
escritura arriesga quemarse y se siente deshacer en desgracia y egoísmo pero
sigue y se reencuentra, en el aprendizaje. Eso, la escritura no es demostración
sino aprendizaje, de paso a la ya tan.
Como cuando hablamos de algo que siempre está allí y que sin embargo no es
claro, está en vilo, por nombrar, por ser escuchado: lo que se tiene y no se sabe hay que descubrirlo pronto.
3/
CAMINOS las y los que caminan por el libro ‒ mujeres, viejos, niños, locos, monstruas, el camino siendo multitud.
Trenes las TRAYECTORIAS, el cambio de un minuto a otro y tan adentro.
PASO los pies desnudos.
4/ Sueños y metamorfosis. Como cuando se
agarran el lagarto y el perro blanco, o cuando una mujer y una grulla se
golpean. Quedan hechos bolsa. Testigos desto son Ovidio y Apuleyo: la
metamorfosis sobreviene después del trauma, o sea, la transformación ocurre a
través de la herida, o sea, hay lo que no se puede saber sin sufrir. Pero
también, cuanto más radical la metamorfosis, más se presenta como sueño o
delirio a los ojos del statu quo, algo irrealizable, absurdo, a pesar de que solo
el sueño o el delirio alcanzan la intensidad y la demencia de lo real histórico,
con toda su arbitrariedad luminosa y trágica.
5/
El montaje (la vida vuelta escritura) da un relato, o reto, astillado. La experiencia
y la acción discurren intermitentes, como si una parte de la sintaxis se volviera
pintura y gesto, empotrando el sentido en la materia misma del lenguaje. O de
ser solo música: atonal y polirrítmica, corrientes de texto y de textura.
Uno desos gestos, más que secreto, veloz, es el
de teñir fondo, pintar el tiempo compartido y teñir fondo, fuera, en las calles
y escaléricas, como dice. Y teñir la cueva. Teñir fondo, hacer fuego, confiar. Y
teñir fondo para tener las fuerzas de desfiar. Pero seguir tiñendo fondo y dar
ámbito a la acción, aclarar ángulos, algunos. Teñir un fondo de voces y capas
de voces que no respetan la inmovilidad.
6/
Invención de precursores, sin entrar en etcéteras. Pero invención de
precursores, no intertextualidad, es decir, cierta idiosincrasia que es posible
trazar en el cielo, desde el libro, como catasterismo del aguante y los sueños
de Patti Smith, del fósforo asistémico en las pupilas de Elvira Hernández, de los
crispados collages antitotalitarios de Herta Müller, de la jeta y el delirio de
Mario Santiago, de la tartamudez de Beckett, de la charla digresiva o doxa multifocal
de Ashbery/
7/
Esta vez, al terminar ensamblo con una pregunta la inscripción del comienzo y
la dedicatoria final:
‒si hablo es porque tengo algo que se rompe
‒y a quién hablas?
‒a todxs
lxs que entre rejillas de calor caminan y matan hambre
disertación sobre la hija de joyce
o una puerta y sobre cómo acabar
en un sanatorio mental
era una cuestión de opciones
pero qué adorable resultaba la chica esa
que acabó
resquebrajándose y loca su locura
era sed
era
porque qué sequita estaba qué
desierto
le habían dicho nonono
sólo eso en todo momento
y se buscaba la sombra
pero nada
y ahora veo por qué
deseché el equilibrio
que tanta falta te hace y ordena tu ladrido y no se te ocurra volver a
perder la puerta
la puerta
no requiere que entres
para ser
la puerta
aunque lo cierto es que
ella ya era de por sí inestable:
a mí el exceso
me atraviesa por tres sitios
así que
acepto la quietud para
no decidir
pero la puerta no requiere que entres
hay que agarrarse bien para no ser arrastrado
para no ser la puerta
samuel beckett señorita
acuérdese siempre escuche
coja la llave eso es
abra
piense que lo realmente importante
es la concepción de
este
sitio
nunca saldrás por donde entraste
cómo aproximarse exacto a algo
indefinidamente enorme
pero sin cercarlo ni el recuerdo
sino el estar expuesto así en
la escalera
al final de la –pozo solar
efímero– cuesta de verano
buscarse –como un rinconcito
algo como despedazarse ráp ido
antes del, que no recuerdo nada porque sigo,
qué venía ahora? duerme,
realmente todas esas
piedras de aquí del suelo podrían
querer gritar
bocanadas de atragantamientos
oportunamente
agresivos o
decir sin decir,
orden aleatorio de voces trisadas
aunque siempre haya más al final
de
la escalera
poemas largos y este olor a mar
este olor a cartones tiesos
madera más allá envirutada y junta
aquí el recuerdo insuficiente de:
tan lejano oscuro tierno el misterio cuando decías estar sola estar
solo ayuda a estar seguro de lo que uno cree verdad
pero que haya, es otra cosa
así recrece la duda
bienvenido el vaivén la fluidez el drama redondo
entonces abre la puerta y quinto piso, el gesto
entonces abro la puerta y ya
cristales rotos de no saberse
mano que se suelta para un llegar próximo
quiero seguir leyendo este olor amar y este olor
lo quiero seguir viendo
recuerdas lo que querías decir cuando prometías un cuervo en una mano?
promontorio de picos dientes en las patas
y plumas separadas
no hay carne aquí
cada cual busca su forma de dimensionar
darse la vuelta
como el insecto que recorre el cristal y más allá el azul y cree que vuela
por lo que ve pero
no vuela
y quel punto de polen toque el dedo
pequeño de la mano izquierda y se
deshagan
cuestión excepcional
así el trazo
así las horas de lo que parece espera
para descolocar
germinaciones cayendo
puntos y líneas en un orden para decir bien bajo
el problema del silencio
el problema de la voz
lo que la mente no quiere la mano lo suelta
qué?
las imágenes
andan
sangrando por
las rodillas
como niños
deslizantes
la próxima vez vienes solito, entiendes?
la próxima vez, cuando salgas del cole, vienes solito
ahora ya no vale asustarse de
la boca de los tubos
ni de la lluvia flotante
si existes así
es porque te sumerges en horizontal
es porque sales dando patadas
y sorbiendo azulejos si existes así
no esperes mi índice conductor
ni camines con prisa
fíjate en el charco
tan plomizo
trayectoria
a veces un hombre semidesnudo camina por una plaza
y canta, se desvía unos pasos y golpea a otro hombre con el puño cerrado y lo
increpa, y el otro hombre sonríe y por lo que parece le habría gustado hacer
una foto de ese momento. luego cada uno a su camino, atrás los gritos, atrás
los cuartos, convulsivo hombre realmente furioso y semidesnudo y furioso, se
aleja por una plaza y canta.
cortina de pájaros
aparecía una especie de cárcel de
máxima seguridad o un hospital blindado, seguían el programa de vigilancia por
ojo hiperpresente, una estructura en círculos concéntricos. llamémoslo cárcel.
en la cárcel estaban encerradas personas que dormían en celdas compartidas, que
preparaban sus propias basuras comestibles en latas usadas compartidas. las
personas compran horas al frío. un día deciden fugarse de la cárcel y empiezan
a cavar un túnel de cientos de metros que debería atravesar todos los círculos
concéntricos del ojo hasta llegar a lo que serían calles concéntricas urbanas y
salir de allí hacia la luz del mundo. otro día abren un agujero en el muro y
dejan de usar las latas para comer y comienzan a usarlas como herramientas de
arrastre, sacan toneladas de arena que esconden en las fallas del muro,
inventan un sistema de ventilación, acostumbran sus ojos a la longitud, sus
cuerpos a la estrechez, aprenden a vivir allí hasta hacer un taladro en un
adoquín del suelo. el adoquín revienta. todos los locos entran en el túnel a la
vez, son como una serpiente enorme hecha de vértebras entrepegadas que son
todos los locos que respiran a la vez el mismo aire de tierra y su calor es la
respiración misma, la serpiente sale completa, al otro lado del túnel la ciudad
es gigante, al otro lado del túnel cada vértebra se pierde en una casa de
protección. allí se curan las heridas, digo yo, y puede que escuchen la radio y
comenten cosas tontas o hagan chistes, o piensen en su vida antes de la
revolución, y esa vida sea como una partícula de polvo en un ojo, algo que
escuece un momento y después se desvanece en el ácido del lacrimal
—mutación i
