Son los apuntes del año pasado. Los escribí en un cuaderno de croquis,
con espiral y tapas moradas. ‘Hecho en Chile’, dice en la contratapa, con
letras diminutas sobre un código de barras. Los transcribí este verano.
Dejé afuera un par de poemas y el borrador de un relato llamado El sótano. Son
lo más parecido a un diario que he escrito, pero no todos están fechados y,
como verás, no son diarios.
1
Leyendo a comienzos de marzo 18 Las
letras del horror, la investigación de Manuel Salazar sobre los crímenes de
la DINA:
Es lo que enseña la historia del horror: la
solidaridad, la hermandad en las horas más oscuras. Termina generando en
nosotros no el miedo, no el sufrimiento sin fin, no la crueldad, sino el valor
y el poder de lo que hay de más humano en nosotros: la colaboración para
sobrevivir, la ternura, la lealtad con el bien común, el amor, la valentía. Por
eso el libro de Salazar tiene un título implícito y a contracorriente, que uno
va descubriendo más que por la corteza interpretativa, por el magma, por el
núcleo emocional de quienes atravesaron ese infierno: Las voces del amor.
12
de marzo
2
Novelas que se inician en prostíbulos o con otro tipo de escenas
sexuales:
La vida
simplemente, en una casa de farol azul a la que llega el niño protagonista,
Roberto Lagos. El zorro de arriba y el zorro
de abajo, donde unos pescadores envidian a un gringo porque se queda con la
mujer más guapa. Si te dicen que caí,
que parte con la escena de un mirón en silla de ruedas que paga para que una
pareja de jóvenes, que no se conocen, tengan sexo frente a él. También Petróleo podría sumarse a esta lista
porque a poco de comenzar describe una escena de sexo entre un hijo y su madre.
Por otra parte, en el Decámeron follan
relato por medio.
(Si por un momento dejo entre paréntesis la
pertenencia social de los verbos, culiar, al provenir de la palabra culo, me parece más
estrictamente genital, se limita a señalar o la posición del perrito o el sexo
anal; follar, en cambio, hace énfasis en la alegría del coito, de hecho puede
que esté etimológicamente emparentado con holgar: alegrarse, divertirse.)
En La
chaqueta de cuero de Pavese, un niño es testigo involuntario de una
infidelidad que termina con el asesinato de la mujer. Por último, el libro que
resume los crímenes de la DINA abunda en horribles agresiones sexuales, se
reproduce, por ejemplo, el testimonio de una mujer que fue obligada a tener
relaciones sexuales con su hermano y su padre.
En los pocos libros que tengo ahora conmigo esa ha
sido una constante: sexo y violencia, salvo, como dije, algunos episodios
relatados por Boccaccio, de sexo alegre. Debería agregar que una amiga me
regaló hace poco un cartel donde se enumeran modos y grados de violencia contra
las mujeres.
25
de marzo
3
Vocabulario de Si te dicen que
caí, desconocido excepto por algunas pocas palabras de las que tengo una
idea, aunque imprecisa:
1 bleda, 2 cheka, 3 bofia, 4 pavero, 5 mastresa, 6
sarasa, 7 trapero, 8 meuca, 9 nikis, 10 pamelas, 11 tabié, 12 babia, 13 gualda,
14 giralda, 15 faiero, 16 tarambana, 17 cárabo, 18 gamarús, 19 carota, 20
cantúa, 21 chafardero, 22 katiuska, 23 barreta, 24 burilla, 25 pegadolsa, 26
tótila, 27 capazo, 28 banau, 29 petromax, 30 virolais, 31 gramola, 32 buchi, 33
pencar, 34 camándula, 35 buche (un juego), 36 esquifido, 37 ondia, 38 blasonar,
39 marrajo, 40 canana, 41 malaúva, 42 chunga, 43 guayabo, 44 farias, 45
achuchar, 46 raskayú, 47 llufa, 48 ridi, 49 (el) madriles, 50 charrameca, 51
plumier, 52 fermi, 53 trinxa, 54 desatacar, 55 bercera, 56 garrofal, 57 frisón,
58 badil.
4
Señales de ruta. Una huella a través del verbo. Reconstrucción de
memorias orales traslapadas, subterráneas. El entre.
Signos
ciegos: “Nació finalmente en…”
5
When I lose the way
to be happy through writing, then the path of time becomes dark and obscure,
oscuro y fosco.
6
Je recommence la lecture de
Le rouge et le noir le 29 avril 2018,
je suis dans la page 169. Il y a, comme toujours, des mots inconnus, cette fois
ce sont ‘besace’, ‘friponneries’, ‘poêle’. Je peux en avoir une idée mais je ne
suis pas sûr. Dans le roman Si te dicen
que caí il y avait presque autant de mots dont j’avais à chercher le
signifié dans le dictionnaire ou sur la web. On ne finit jamais de connaître
une langue, c’est comme une ville. Même dans la ville natale on trouve des
endroits qu’on croirait ne jamais avoir vus, des rues, des maisons… On nous
ouvre la porte de maisons que nous n’avions jamais visitées. D’ailleurs, j’ai
recherché plusieurs fois les sens de certains mots.
Pour en
finir avec la fin de la lecture, il faut savoir que la connaissance n’est que
la conscience de l’ignorance. On vit le monde aussi profondément qu’on
le lit.
7
“La no resistencia al mal no es lo mismo que la resistencia sin
violencia.” M. L. King.
8
–
Dejai apagao nomás, cierra sí.
–
Ya.
9
Un
ejemplo de coherencia:
‘Less is more’, dice un filósofo, batiendo en
su muñeca un reloj de oro.
10
A
estas alturas del partido: 39 años, uno está en condiciones de relacionar y
contrastar diferentes estaciones de la vida. No diría ‘etapas’ porque me suena
demasiado progresivo; ‘épocas’, por otra parte, que sí podría decir, le da un
carácter milenario a una vida individual. Estoy entre ‘temporadas’ y ‘épocas’,
según el día. Las primeras condensan la vida en un período exageradamente
breve, las segundas exageran su duración. Pero comencé diciendo ‘estaciones’ y
no pensaba en las del año sino en las de los trenes, lo que quiero hacer es
conjugar la experiencia del devenir como espacio y tiempo a la vez. Hubo
estaciones en las que se aglomeraban centenares de personas y hubo otras, ya
abandonadas, a las que no sé ni cómo llegué, y donde un par de parroquianos me
miró con esa mezcla de curiosidad y desconfianza que despiertan los extranjeros
en las aldeas. Dos clases de estaciones fueron mis preferidas: aquellas en las
que alguien me esperaba con ojos sonrientes, y esas otras, lejanas y enormes,
donde sí era extranjero, tan extranjero que ya estaba acostumbrado a la
mudanza.
10 de
junio
11
partes
hace cuánto partes
cuántas partes
desde cuándo partes
cómo es eso de que partes
de las partes, de qué partes
qué partes
a qué partes llegas
•
la primera es 17
dieciséis son los dolores
y una es la alegría
sol retenido
toca fondo y a partir de ahí
cada día
una pata de gallo
un día a la vez
y el mar retumba
y ya no hay teléfonos públicos
suenan las rejas después de la fiesta
hubo silbidos
hubieron disparado
en la ribera derecha
en una calle de Las Ánimas
donde se sumerge el sol
•
la segunda es lo concreto y lo azul
un cubo que bajamos hasta la noria
el alambre brilla, pendula el cubo
el agua es verde oscura
pullis (renacuajos) la filtran
no suben al balde, no llegan al brocal
sólo el agua
de un pozo detrás de la huerta
más allá de los girasoles y en el centro
un nido de queltehues
12
Violeta:
quince
perversos qu’embarran
mis
dieciséis esperanzas
Aunque no sea estrictamente lógico, porque los quince perfectamente pueden
embarrar a las dieciséis, con uno solo, de hecho, ya basta; al escuchar a
Violeta subiendo por la escala de los números que son dolores, yo siento, yo
escucho que una se salva, que un perverso acaba con una esperanza, uno por una,
quince perversos por quince esperanzas, y por lo tanto queda una, la decimosexta,
con qué ritmo.
13
He publicado dos libros, el primero lo leyeron algunos, el segundo
nadie. Entre ambas palabras, algunos y nadie, prefiero nadie ya que, como se
sabe desde Odiseo, con este nombre es posible cegar a los cíclopes.
14
La vida como un juego de novelas enmarcadas, mejor dicho, de relatos
empotrados, como Las mil y una noches
y el Decámeron, como el Asinus Aureus y Don Quijote.
15
Frases de mi abuelo. Con la primera se refiere a mi abuela, que pasó
una noche sobresaltada:
–Amaneció hablando.
La segunda es un nombre espontáneo que le da a su
perrita blanca una tarde al llegar a casa. Hay que imaginar a la perrita haciéndole
fiesta, dándole la bienvenida con toda clase de ladridos y meneos y revolcones
y saltos:
–¡Intrusidad del mundo!
16
El trabajo con el pasado-presente como una toma de posesión de un
mundo interior. Escribir sin compromiso con ningún prejuicio. El retrato de una
voz, no desde la verdad del dogma o la teoría, sino desde la exactitud con que
sentimos aquello que realmente nos importa, tanto o más que nosotros mismos.
17
Uno no conoce la verdad, uno se acerca a ella, y para eso necesitamos
a los otros, necesitamos la prueba de la refutación, venga de donde venga,
necesitamos contrarrestar el peligro de la infalibilidad.
Esto lo decía alguien, ya no recuerdo quién. Aclaro
que, como suele decirse, estas no son mis palabras. Aunque tampoco son las
palabras de otro. Lo que cuenta aquí es que expresan lo que pienso. Las
suscribo como reafirmación de un socialismo libertario, en contraposición a un seudosocialismo
autoritario.
18
Desintegradas y reuniéndose, gotas e hilos de agua sobre un vidrio,
así las imágenes y retazos de historias que se agolpan, se cruzan, se separan a
lo largo de estos días de mar soleado, de ríos nublados que acercan lo
extranjero.
19
Así como Proust compara un vitral con una tapicería de vidrio, yo
diría que la sintaxis de Proust es como un vitral: un prodigio de incisas y
articulaciones, de precisiones y matices que alargan la frase hasta perder de vista
el punto seguido. A menudo tengo que releer algunos pasajes para estar seguro
de enhebrar el sujeto y su verbo. La rememoración, me parece, no preexiste a su
expresión; es como si, al escribirlo, un recuerdo imantara otros recuerdos,
involuntariamente adheridos no tanto a los objetos o a los sabores como a la
lengua misma, a la materia viscosa de las palabras. Y creo, aunque desconozco
la razón, que esto se relaciona con la intimidad de la escritura a mano.
Cuántos cuadernos habrá escrito, cómo ha de habérsele marcado entre los dedos
la pluma y cuánto tiempo habrán permanecido abiertas algunas oraciones, después
de una coma que suspendía su memoria en un esfuerzo por recobrar, por resucitar
diría incluso, aquello que a partir de entonces sólo viviría como posibilidad
de la lectura. A través de las palabras, sin embargo, pasaría lo único capaz de
dar vida a los colores del vitral: esa luz de la consciencia convertida en voz
y oído al mismo tiempo.
30 de julio
20
Jueves 2. Caramba. Llegó fuerte agosto. ‘Se viene el temporal, cholo’,
le dice el conductor a su amigo que va de copiloto. Dicho y hecho: al bajar de
la micro veo las cortinas de lluvia que vienen desde el mar hacia los cerros.
Ayer estuve casi todo el día en cama: fiebre, dolor de cabeza, bronquios un
poco irritados. El barranco fue antenoche, a la segunda noche de alojado el…,
lo voy a llamar el bicho. La noche del lunes se instaló, con un escalofrío. La
noche del martes atacó. En el epicentro, me dejó acurrucado en la cama,
tiritando con un dolor de cabeza de los cien demonios. En realidad con uno solo
bastaba. Sentí unos derrapes alucinatorios. Hubo un infierno, un purgatorio y
un paraíso, todos dentro de la misma fiebre. El primero fueron visiones de
homicidios. El segundo era un trabajo repetitivo de criba de datos. El tercero,
una mezcla de lo que todos sabemos: amor y sexo, amor como caos y dicha, sexo
como corazón del caos y manos de la dicha. (De la aquí no dicha, en todo caso.)
A los dieciséis años me dio una fiebre como esta,
la recuerdo más fuerte y larga que la de anoche, y sí lo fue, incluso si le
quito de encima la parafernalia del hospital, la silla de ruedas, la punción
lumbar. Denante le decía al Bruno en un correo, que me chirriaba lo de ‘gran’ y
lo de ‘artista’ en una traducción de Camus que le envié, porque somos seres
humanos, ante todo, primero que todo. Pero no está demás recordar, le decía,
que es importante lo que escribimos, su fuego central al menos. Y también le
decía que mi ‘pero’ delata mi escepticismo, mientras que mi insistencia expresa
mi amor, o sea, mi lealtad al amor, que no es un tema ni un bien, sino lo que
nos mantiene vivos. Nada menos, escribí. Y luego, sobre lo del arte, ‘sí la
artesanía’, le dije; fue un error de tipeo pero lo dejé así, me gustó.
Entonces, en vez de despedirme del Bruno y enviarle el correo, me puse a tocar
guitarra, sólo las cuerdas de nylon y sólo con dos dedos de cada mano. El arte
siempre se hace con dificultad, con una limitante. Antes de tomar la guitarra,
pensé eso. O como dice mi abuelo Heraldo y decía también Lázaro de Tormes (lo
leí a saltos durante la fiebre): ‘dije entre mí’: el arte siempre se hace con
dificultad, con una limitante. El de vivir, al menos. Y el de revivir, mientras
nos sea dado. Toqué un rato, improvisé, disfruté de lo que iba saliendo. Luego
volví al computador y antes de despedirme del Bruno, como si, lo pienso ahora,
él también hubiera escuchado la música, anoté sin puntuación: ‘un fa
sostenido’, y unos espacios en blanco más allá: ‘un sol’, y más allá:
‘sostenido’. Un sol sostenido. Recién entonces me despedí del Bruno. Ya era
viernes, 3 de agosto de 2018.
21
Órbitas estables
17 (número primo)
El reloj ya no tiene agujas
pues conoce el peso de las palabras
que van de un futuro próximo a otro futuro próximo
En medio del ruido de las olas
se oyen de repente unos graznidos
e imagino las gaviotas buscando un refugio
en los árboles de la playa
22
Miraló: el zeste se calcina con efervescencia, y después que
se ha carbonizado pasa al estado de brasa incandescente, una mandarina de
fuego, naranja blanco.
23
De A LA VEZ o SALE UN AGUA DEL TIEMPO (2015)
Dos perros cazan a una liebre en una manzana eriaza de Río
Bueno.
El grito de la liebre se funde al llanto de un recién nacido
en una casa vecina.
24
René Char (1948)
Devuélveles lo que ya no está
presente en ellos.
El grano de la cosecha, lo verán
de nuevo
en la espiga que se agita sobre
la hierba.
Enséñales, de la caída al vuelo,
los doce meses de su rostro.
Habrán de atesorar el vacío de su
corazón hasta el deseo siguiente,
pues nada naufraga ni florece en
las cenizas;
y a quien sabe ver la tierra
encaminarse hasta los frutos
no lo conmueve el fracaso aunque
todo esté perdido.
25
Dioses con pies de barro
Hay cuatro barcos meciéndose en la violencia del temporal. Sus luces,
de un blanco gélido y potente, se parecen a los focos que acompañan la faena
nocturna de un edificio en construcción. Me gustan esas luces blancas que más
que oponerse a la noche, se oponen a los hábitos de la noche; el zumbido de las
maquinarias, el barrial atravesado en todos los sentidos, una grúa enorme que
introduce en la tierra una especie de puerta, igualmente enorme, que parece
sacada de una caja fuerte. Y los operarios, a los que el frío y la medianoche
dotan de una lucidez extrema, parecieran comprender la ciudad mucho mejor que
el funcionariado municipal (no hablemos del gobierno central). Puede existir
entre estos últimos una buena intención, no voy a descartar hipótesis a diestra
y siniestra, pero ayer leí un artículo del alcalde en el periódico local y
comprendí que con el lenguaje de la administración pública y el de las ciencias
sociales es posible preparar un engrudo tan bienintencionado como vago y
retórico. ¿En qué momento se asume que la respetabilidad es un maquillaje de la
sinceridad, un maquillaje que puede dejar la sinceridad francamente
irreconocible, o pervertirla de plano bajo un deseo de despiste, cuando no de
simple engaño? ¿En qué momento se privilegia la respetabilidad por encima del
respeto, que es lo que verdaderamente importa? Y ya que nadie puede hacer durar
una voz falsa, ¿por qué no escribir de un modo personal, no hablo de una
pretensión de estilo nuevo sino de dejar que nuestros cuerpos hablen? En cualquier
caso, no estoy pensando en la irreflexividad ni en la fobia a los conceptos. ¿Por
qué, dicho sea de paso, siempre se excluye al cerebro de nuestras representaciones
psicológicas del cuerpo? Si dijo cuerpo entonces quiso decir desmesura, vida
salvaje, ¡detonación! Y a todo esto, ¿cómo es la vida salvaje? Yo creo que,
demasiado a menudo, la única vida salvaje es nuestra vida social. Una cosa, eso
sí, señorías médicas, el cerebro no piensa solo, el mal no está únicamente aquí
ni allí ni más allá, el remedio no está, o al menos no se agota, en la pastilla
ni en el bisturí. Lo que quiero decir simplemente es que somos más que
materiales. No es que no seamos materia, es que somos más que materia.
Escribo esto con vela la noche del 6 de agosto 18.
Ahora se está apagando. En la puerta, a la altura de mi cabeza, se dibuja un
arco de luz, mientras la parte superior, como si fuera un dintel, permanece
oscura. Siento la presencia de mi abuela entrando bajo ese arco, después de
exactamente dos años allá afuera. Quizá la luz provenga del abrazo entre los
vivos y los muertos.
26
El brillo de la lluvia sobre el pavimento, al volver a casa, de noche.
Eso soy ahora, un caminar de noche a través de intervalos de lluvia, y la
lluvia misma que multiplica la luz eléctrica de la ciudad.
27
Leo en La chute de Albert
Camus: “Para el juicio, hoy en día, siempre estamos listos, como para la
fornicación.”
El pus, la luz. El juicio, el goce. La conciencia,
la inocencia.
La noche participa del día; el día está hecho del
día y de la noche. Se ha hecho tarde para que pronto sea temprano. El tono
mayor y el tono menor alternan en la canción que escucho río abajo.
28
Una piedra circular de cuarzo, una concha color cáscara de pan, un
trozo de madera pulido por el mar. Es lo que traje de la playa en el bolsillo
de mi carnero (una chaqueta de lana). Lo primero que vi y nombré al llegar a la
playa fueron: jotes, calas, quilas. Después observé los estratos, en las nubes,
en las olas, en las rocas; las capas de una materia idéntica o que, a fuerza de
compresión, terminó por parecerlo. Me subí a una rompiente acompañado por dos
perros negros y desde allí vi a otras personas que paseaban, algunas sentadas
mirando el mar, y unos jóvenes haciendo malabares con clavas. Luego caminé por
la playa de un extremo a otro, salté sobre un estero y con una rama larga como
una caña de pescar ensarté la concha de un caracol morado que encontré al fondo
de la corriente. Dibujé con la rama una hoja, un ojo, un pájaro, una flor sobre
la arena. Los perros iban y venían, ladraban, corrían, se revolcaban.
Escribí en la arena: ES.
Lancé la rama hacia el mar y no volvió. El sol era
un disco blanco detrás de las nubes.
En la ciudad de Corral resaltaba sobre el fondo
verde oscuro de las montañas una meseta de aserrín, y anclado enfrente, el
barco que viene a llevárselo. Hacia el norte, en cambio, en la caleta Los
Molinos, se distinguían con claridad las casas variegadas encaramándose por la
ladera del cerro, como los estratos de las rocas, de las olas y las nubes.
Volví a mi cabaña por el camino de tierra húmeda
que culebrea entre las quilas, enanchado y macerado por una yunta de bueyes que
bajan a pastar junto a la playa. El que estaba en pie lamía la cabeza del que
estaba echado.
Dejé sobre mi velador el trozo de madera, la concha
y la piedra. Dije entre mí: los estratos, la vida, la promesa.
26
de agosto
29
Traducir es salir para hacer entrar.
Para caminar hace falta sobrevolar.
Más que juzgar, jugar: más que escribir sobre la
experiencia, experimentar la escritura como la acción que es.
Leer no es hablar sobre leer, sino transformar la escritura.
Anteriores a este ‘más’ o este ‘menos’, al ser o al no ser:
la imagen, y el audio.
30
Solitario y solidario, como un arquero de fútbol. Por fin entiendo la
famosa frase de Camus, que Glissant también usó, por cierto. Solitario y
solidario, claro, como un arquero de fútbol, la posición de Camus cuando jugaba
en Argelia.
31
Caía la lanza del sol y la playa era una multitud de botellas y bolsas
y latas y grafitis en las rocas, basura de la alegría del verano. Meses
después, bajo la carga gris del cielo, un grupo de jóvenes la recoge en sacos
de pita. Así en todo, esas las proporciones, el flujo y el reflujo: un centenar
destruye lo que una decena intenta reconstruir.
Del tiempo sale un agua que corre bajo las quilas,
bruñendo una tierra arcillosa. Cuando los esteros desembocan ya vienen
contaminados. De allí beben los perros, los chilcos, los espinos, las gaviotas.
Invisibles partículas de plástico se revuelven en el océano, atraviesan
nuestros cuerpos y sedimentan, sin alimentarnos.
11 de septiembre
32
Entonces, como decía Glissant, la contrapoética, la dificultad mayor
de la poesía, nace de la oposición entre la lengua que uso y el lenguaje que
necesito.
33
Polifemo en su callejón sin salida: entre una mueca de desagrado y la
envidia.
34
Un horizonte de la
mente
Wordsworth
Primero vi el país desde el cielo. Digo país como si dijera comarca,
territorio deslindado por la propia naturaleza: la cordillera blanquísima a la
derecha, el mar metálico a la izquierda y debajo de mí. Estoy suspendido,
volando hacia el norte. Todo sucede en tan sólo un par de segundos y de pronto
estoy en tierra, cabalgando, sí, cabalgando un caballo alazán que galopa firme
sobre el verdor. Entonces me doy cuenta que voy adentrándome peligrosamente en
una zona fría y deshabitada, así que decido volver, volver hacia el sur. Me
mantengo junto al litoral hasta que doy con un angosto camino de piedras que se
interna tierra adentro. En una curva me encuentro con otro jinete, no nos
saludamos, sólo nos miramos al pasar uno al lado del otro, pero inmediatamente
nos detenemos, giramos y nos ponemos a conversar como si, todavía sin
conocernos, ya fuéramos amigos. Presiento que él proviene de un poblado cercano.
Me siento alegre y muy despierto. Es todo lo que recuerdo del sueño que tuve
anoche, la madrugada del primero de octubre de 2018.
35
Por hacer un símil con mi propia situación, una situación o trance de desamor,
de decepción profunda, es decir que parte de una decepción ante mí mismo, yo
diría que Chile vivió unos años de adolescencia y juventud, de sueños y fraternidad,
de unión y combate, que fueron los años de la Unidad Popular, a los que siguió
una época de adultez llagada, de traumas, de fracaso, de crimen de Estado, de
los que salimos –no del todo, nunca del todo– hacia unos años de escepticismo y
sospecha: los desiertos del alma. Allí, sobre alguno de esos gruesos cables
negros que tarjan el horizonte, el mar, el cielo, las montañas, todo el paisaje
a la redonda, canta un ave a las 6:20 de la mañana, un ave cuyo plumaje a esa
hora es de un color aún indistinguible pero cuyo canto sin duda quiebra el aire
en todos los colores posibles. ¿Sabremos seguir ese canto, hacia donde sea que
nos lleve? Porque escuchar no es atender ni analizar, escuchar es seguir,
seguir a ciegas un camino, sabiendo que si abres los ojos e intentas controlar
el rumbo, entonces todo se habrá perdido. Y aun así, por paradójico que
resulte, es preciso renunciar al cálculo, a la autosuficiencia y la seguridad,
con tal de recobrar aquel sueño, esa hermandad, este combate.
36
El conocimiento, la ciencia en su sentido antiguo, se estima en base a
la conciencia de la propia ignorancia. Lo desconocido y lo incontrolable son
siempre más vastos. La Vida es más grande que mi vida, por eso es que yo no
daría la Vida por mi vida, al contrario, daría mi vida por la Vida.
La fisura llamada hibris es una caída en la
confusión entre potencia y poder. La poesía no es poder, es potencia, pero no
la potencia como mera calidad de lo posible sino como 1: cofluencia y
entendimiento, 2: acción y voluntad, y 3: generación y memoria.
37
Pienso en mis amigos y en que a veces me tardo un poco en entender lo
que me han dicho. Días, semanas, meses incluso.
38
Desde el punto de vista del logro social capitalista, no tengo dónde
caerme muerto, pero tengo, sí, cómo levantarme vivo.
39
Hasta el momento, 45 años después, el magnicidio del presidente
Salvador Allende sigue siendo un crimen perfecto. Pero en realidad no es el
tiempo transcurrido lo que debiera sorprendernos, pues conforme más tiempo
pasa, más se solidifica la impunidad. Así se va haciendo la historia, de
crímenes naturalizados, de mentiras que se vuelven irrefutables ante la aparente
falta de evidencias contrarias. La historia se va haciendo de olvido y
conformismo, de imposiciones y miedos que van empequeñeciendo cada vez más lo
que podría, lo que debería haber de común en el llamado sentido común. La
historia humana, en todo lo que ella tiene de poder destructivo, consiste
precisamente en esta normalización de la injusticia.