En 1928 nace Édouard Glissant en Bezaudin, Martinica. En 1936 nace Frankétienne en Ravine Sèche, Haití. En 1953 nace Patrick Chamoiseau en Fort-de-France, Martinica. En 1978 nace James Noël en Hinche, Haití. Estos cuatro poetas francófonos de las Antillas son tres generaciones: la de la criollización y la del espiralismo.
A la primera ‒los martiniqueños‒ le tocó dar el paso que sigue a la Negritud, y esto a la luz de Frantz Fanon. Hizo el elogio de una cultura mestiza y en el acto se le multiplicó la correspondencia con otras lenguas: se pensó en el mundo innumerable. El desarrollo de la isla, sin embargo, quedó sostenido y en más de un sentido bloqueado por su condición de departamento de ultramar francés, desde 1946.
A la segunda ‒los haitianos‒ le tocó en cambio hacer frente a la independencia más bien nominal de un país cuya historia, durante el siglo XX, estuvo en su mayor parte marcada por la ocupación estadounidense y por sucesivas dictaduras militares. Con ese páramo de fondo, James Noël dedica el poema “Jeu de mo(r)t” al periodista Jean Léopold Dominique, asesinado el 3 de abril de 2000. Una historia que nos resulta conocida:
Un periodista radial tiene que salir al exilio a comienzos de los 80 porque el dictador que hace una década gobierna su país ha ordenado censurar la prensa independiente y ejecutarlo. El periodista regresa tras la expulsión del dictador y apoya el movimiento de un cura de la teología de la liberación, quien años más tarde obtendrá la victoria en las primeras elecciones democráticas, a fines de 1990. Le seguirá otro golpe de estado y otro exilio y otro regreso, a todo lo largo y ancho de una misma corrupción. Su historia termina con balazos a quemarropa e impunidad. Al parecer lo mandó a matar el cura (sic).
El título del poema, por cierto, no admite traslado literal. Jeu: juego, mot: palabra escrita, mort: muerte o muerto. Es análogo a frases como ‘juego de h(v)oz’ o ‘le(e)tal juego’. El umbral de un paréntesis que comunica el decir y el morir. “Fundamentalmente ‒dice Frankétienne‒, habría que hacer un balance más o menos exhaustivo de todo lo que hemos almacenado en nuestra conciencia dolorosa de víctima y que luego interiorizamos en nuestro inconsciente colectivo, para operar un filtro racional, una selección rigurosamente lúcida, al margen de todo a priori y de todo prejuicio, a nivel de los diversos ingredientes culturales amalgamados anárquicamente en la edificación espontánea de nuestra personalidad de pueblo traumatizado por la esclavitud, el colonialismo, la irresponsabilidad de nuestras élites, el oscurantismo de los dirigentes, una sarta de fracasos puntuando el calvario repetitivo de nuestras derrotas y nuestros abortos.”
El lenguaje de Frankétienne ‒hermano mayor, lo llamaba James Noël hace unos años en un conversatorio en Madrid‒ va girando desde la lírica más ‘médusante’ hasta el ensayo analítico como en el pasaje anterior, sin solución de continuidad. La espiral es por otra parte el símbolo bajo el cual se reúnen las distintas vertientes del proceso creativo y crítico del poeta haitiano: el espiralismo. En la presentación de L’Oiseau Schizophone (1998), en una referencia implícita al Inferno de Dante y a la tradición órfica, Frankétienne habla de una espiral que desciende al abismo, un abismo con resonancias de máscara y carroña, y del vislumbre de una belleza fugitiva cuyo nombre suena a “isla de las piñas” –planta nativa, como se sabe, de la cuenca del Caribe y el norte brasileño–:
Una espiral encendida de violencias y horrores. Una floración de mitos y símbolos. Por un lado, el descenso horroroso al infernal abismo de la Mascarroña. Y por otro, la entrevisión de las bellezas fugitivas de Zilozanana, la isla de las búsquedas inacabables, ritmada por las palpitaciones del corazón místico.
Une spirale enflammée de violences et d’horreurs. Une efflorescence de mythes et de symboles. Avec, d’un côté, la descente épouvantable dans l’infernal abîme de la Mascarogne. Et, de l’autre, l’entrevision des beautés fugitives de Zilozanana, l’île des quêtes inachevables, rythmée par les palpitations du coeur mystique.
Chamoiseau remonta esa espiral hasta los años de la abolición de la esclavitud. Es entonces cuando Esternome y Ninon –el padre de la narradora y su compañera en Texaco (1992)– emprenden una búsqueda de paraíso, así la llama, leyendo en los cerros las huellas de aquellos que desde el cimarronaje hasta el decreto oficial de liberación habían ido allí en busca de una tierra donde habitar, pues la costa ya estaba ocupada por los colonos.
En la tormenta desta tierra nublada, todos habían desplegado las Huellas. Habían cavado estrechos senderos por las crestas y dibujado con el talón al capricho de su errancia, la geografía de otro país. Nuestros barrios iban a anidar justo en las encrucijadas destas Huellas primeras.
Dans la tourmente de cette terre nuageuse, tous avaient déployé les Traces. Ils avaient creusé d’étroits sentiers de crêtes, dessiné du talon au gré de leur errance, la géographie d’un autre pays. Nos quartiers allaient nicher-pile aux en-croisées de ces Traces premières.
En este caso el ‘desta’ refleja el lenguaje de otra época del narrador, algo extraño, a medio camino entre una parquedad rural y un desarrollo literario, con muchos giros y palabras créoles. Por ejemplo, cuando Esternome relata a su hija esta historia, “cette odysée voilée”, recurre al término “noutéka”. El noutéka de los cerros (Le noutéka des mornes) es el título de este relato interpolado en Texaco. Viene anunciado como “una especie de nosotros mágico… un destino de a-varios que dibujaba ese mismo nosotros que la atormentaba [a la protagonista, Marie-Sophie Laborieux] en sus últimos años”. Un destino de a-varios conocido en las Antillas francófonas y anglófonas como cultura créole/creole y en el que las diferencias significativas no residen en el color de la piel sino en la relación con la tierra, la forma de leer el paisaje, los modos de transición entre naturaleza dada y naturaleza producida, el trato con los sincretismos aflorantes: la “efflorescence” que brota en las grietas de la “spirale épouvantable”.
Aquí es donde entran en juego las que Glissant llama etnotécnicas y que podemos ejemplificar en el “jardin-créole”, que corresponde más bien a nuestra idea de huerta:
Cultivamos lo que los békés [“descendientes de los primeros colonos blancos”] llaman plantas segundas, y nosotros: plantas-comida. Al borde de las plantas-comida hacen falta las plantas-medicina, y las que fascinan la suerte y desarman a los zombis. Todo bien mezclado nunca agota a la tierra. Esto es el jardín-criollo.
Nous cultivâmes ce que les békés appellent plantes secondes, et nous mêmes: plantes-manger. Au bord des plantes-manger, il faut les plantes-médecine, et celles qui fascinent la chance et désarment les zombis. Le tout bien emmêlé n’épuise jamais la terre. C’est ça jardin-créole.
Noutéka es una palabra que combina el sujeto, nosotros (nou), y un marcador de pretérito imperfecto (téka) que precede al verbo, el cual es invariable en criollo martiniqueño (kréyol). El imperfecto se conjuga con téka en todas las personas (moin: yo, ou: tú o usted, i: ella o él, nou: nosotros, zott: ustedes o vosotros, yo: ellos o ellas). Noutéka sería como una oración inconclusa: “nosotros antes”; o jugando: “nosotrábamos”; o bien, verbalizándola: “nosotros habíamos/éramos”. Ej.: Nou téka joué (jugar, jugado): jugábamos, nosotros habíamos jugado.
Derek Walcott traduce la encantación Noutéka por “we used to”. Enseguida la enlaza con los comienzos de Éloges e Images à Crusoë de Saint-John Perse –“en ces temps-là”– y del Cahier d’un retour au pays natal de Aimé Césaire –“au bout du petit matin”–, torneando así una frase que a su parecer contendría “toda la memoria elegiaca de las Antillas, que sube tranquila, como el humo de las colinas azules”. El íncipit de Perse, Césaire y Chamoiseau vendría a ser: “En ces temps-là, au bout du petit matin, noutéka…” (“En aquellos tiempos, al final del amanecer, solíamos…”).
De acuerdo a Texaco la principal preocupación de los africanos que conquistaban su libertad era la toma de posesión del espacio, la construcción de sí, en relación desalienada con el paisaje. Con este criterio Chamoiseau perfila las diferentes actitudes de los personajes del mundo (neo)colonial: para los Negros, una tierra que comprender, decodificar y vivir; para los Békés, una tierra que explotar y agotar; para los Mulatos, una tierra que abandonar. Su epopeya aborda esa toma de posesión como complicidad entre los seres humanos y entre estos y la tierra. No como un absoluto sacralizado; toda cultura criolla tiene por definición distintas partes que se interpenetran. En Le roman antillais. Personnages, espaces et histoire: fils du chaos (La novela antillana. Personajes, espacios e historia: hijos del caos), Françoise Simasotchi-Brones dice que “el Noutéka constituye una pausa en el relato cuya función es preparar la acción por venir, esto es, dotar a la ciudad de la parte de cultura criolla perteneciente a los Negros”. La acción por venir a lo largo del siglo XX será el afianzamiento, arduo, inconcluso, de una toma de terreno donde se va edificando espontáneamente el barrio de Texaco en Fort-de-France.
Respecto a esta doble operación de aclimatación ‒vinculación y autonomía del vínculo entre cultura y naturaleza, país y paisaje‒ y descompartimentalización ‒desmontaje del pensamiento dicotómico‒ de las huellas de la memoria histórica, Glissant escribe en Le Discours antillais:
Porque la memoria histórica fue tan frecuentemente tarjada, el escritor antillano tiene que “explorar” esta memoria, a partir de huellas a veces latentes que él ha detectado en la realidad. Porque la conciencia antillana fue delimitada con barreras esterilizantes, el escritor tiene que poder expresar todas las ocasiones en que esas barreras fueron parcialmente rotas. Porque el tiempo antillano fue estabilizado en la nada de una no-historia impuesta, el escritor ha de contribuir a restablecer su cronología atormentada, o sea, desvelar la vivacidad fecunda de una dialéctica recomenzada entre naturaleza y cultura antillanas.
Parce que la mémoire historique fut trop souvent raturée, l’écrivain antillais doit « fouiller » cette mémoire, à partir de traces parfois latentes qu’il a repérées dans le réel. Parce que la conscience antillaise fut balisée de barrières stérilisantes, l’écrivain doit pouvoir exprimer toutes les occasions où ces barrières furent partiellement brisées. Parce que le temps antillais fut stabilisé dans le néant d’une non-histoire imposée, l’écrivain doit contribuer à rétablir sa chronologie tourmentée, c’est-à-dire dévoiler la vivacité féconde d’une dialectique réamorcée entre nature et culture antillaises.
Desplegar las huellas, levantar los diques, desvelar, restablecer la datación y los signos del sufrimiento, de la liberación, de la construcción; es una actitud ante el lenguaje y la realidad que muda la línea recta de la colonialidad en una espiral colectiva, de digresión frente a las negatividades acumuladas y de regreso mediante la organización social y la construcción de las posibilidades: una escucha recíproca, una mirada de reconocimiento mutuo, la conjugación de los diferentes urbanismos de una ciudad en la que la división de etnoclases se traduce en un bilingüismo diglósico, no ya solamente un registro oral y un registro escrito que comparten una misma gramática sino dos lenguas distintas, una lengua escrita de difusión por así decirlo mundial, y una lengua oral, regional, en proceso de constitución gramatical, lexicográfica y literaria. El cimarronaje se convierte así en el signo de la subversión de los senderos/pasajes contra las carreteras, en la toma de un desvío respecto a la carretera “penetrante occidente”, rumbo hacia las huellas de una memoria todavía no escrita.
Chamoiseau y Confiant (1991): “Al lado de las carreteras coloniales cuya intención se proyecta recto, con alguna utilidad predadora, se despliegan infinitos pequeños senderos que llaman huellas. Elaboradas por los Negros cimarrones, los esclavos, los criollos, a través de los bosques y los cerros del país, estas huellas dicen otra cosa. Dan testimonio de una espiral colectiva que el plan colonial no había previsto” (“À côté des routes coloniales dont l’intention se projette tout droit, à quelque utilité prédatrice, se déploient d’infinies petites sentes que l’on appelle tracées. Elaborées par les Nègres marrons, les esclaves, les créoles, à travers les bois et les mornes du pays, ces tracées disent autre chose. Elles témoignent d’une spirale collective que le plan colonial n’avait pas prévue.” Lettres créoles, tracées antillaises et continentales de la littérature. Haïti, Guadeloupe, Martinique, Guyane 1635-1975).
En Antología secreta (2005) Frankétienne recorre ese laberinto del predador y de la presa, la agonía ‘esquizófona’ entre la carretera y los senderos:
Por espíritu de venganza, he trastornado violentamente, desmontado, masacrado y violado a la astuta, a la bella aristócrata orgullosa […] Fuerzo las paredes de mi asfixia con el ariete de las palabras. Si a pesar de todo, no se abren, un transeúnte escuchará la avalancha anárquica de mi lenguaje, o el s.o.s barroco de mi agonía […] la violencia de la lengua es a menudo, muy a menudo, una respuesta cultural a una insoportable violencia secular multiforme y pluridimensional…
Par esprit de vengeance, j’ai violemment bouleversé, déconstruit, massacré et violé la rusée, la belle aristocrate orgueilleuse […] je force sur les parois de mon asphyxie avec le bélier des mots. Si malgré tout, elles ne s’ouvrent pas, un passant entendra la ruée anarchique de mon langage, ou le s.o.s baroque de mon agonie […] la violence langagière est souvent, le plus souvent, une réponse culturelle à une insupportable violence séculaire multiforme et pluridimensionnelle…
Como Glissant, la visión que Frankétienne desarrolla de la totalidad del mundo es la del caos. Un caos que funciona pero cuyas estructuras fundamentales, que no paran de moverse, están fuera del alcance de nuestros déficits mentales, orgánicos, espirituales. La vida es el caos en su potencial de recreación y recombinación infinitas; lo que no es caótico, dice, es la muerte, monótona y uniforme.
Los planteamientos del poeta haitiano y el poeta martiniqueño implican aproximadamente lo mismo, Frankétienne escribe: “nada es absoluto/ y todo es relativo” (“rien n’est absolu/ et tout est relatif”), mientras Glissant: “nada es Verdad, todo está vivo” (“rien n’est Vrai, tout est vivant”), frase que a su vez nos remite a esta otra afirmación, de Gilles Deleuze en su ensayo sobre el pliegue barroco: “no hay universalidad, sino ubicuidad de lo viviente” (“il n’y a pas universalité, mais ubiquité du vivant.”) Las formulaciones, digo, implican aproximadamente lo mismo: que la experiencia créole, antillana en estos casos, se constituye, por definición histórica, a través del encuentro violento de culturas y de lenguas extremadamente diversas, y que de tal confrontación han surgido sin embargo otros lenguajes y otra lengua, otras formas de conocimiento y de belleza, que ponen en entredicho la aplicabilidad absoluta de un determinado saber y sentir (literarios). En caso de postular un absoluto, este sería el de la construcción social de la realidad, las relaciones por las que nos constituimos, vinculados y vivientes: lo verdadero en minúsculas y por todas partes.
Entre los posibles de un pensamiento en archipiélago, siempre inacabado, una preocupación común es la búsqueda de una red más grande de flujos escriturales, una descompartimentalización antillana, razón por la cual Glissant considera que la traducción es “una de las especies más importantes de este nuevo pensamiento en archipiélago” (“une des espèces parmi les plus importantes de cette nouvelle pensée archipélique”). Al leer estas obras, en un francés que difiere del francés europeo así como las vertientes del castellano americano respecto al de España, se tiene la evidencia y otras veces el presentimiento de la acción de la lengua criolla en el francés. Es decir que la traducción forma parte inseparable de los mismos poemas, de los relatos, de los ensayos. Desde un comienzo, estos tienen que enfrentar la tarea de la traducción, y eso es lo que anticipa, con Glissant en sus zonas de lucidez más extensa, una visión de la totalidad y una reflexión sobre su complejidad.
La relación criollo-francés recuerda la que hay entre el mapudungún y el castellano, con resultados análogos en la transformación de la lengua de escritura. La diferencia principal es que en las Antillas, y en Haití particularmente, el criollo es la lengua de comunicación oral de la mayoría de la población.
Entre los ensayos que se han ocupado de la pregunta por las relaciones entre la franco-créolofonía y sus vecinos hispanohablantes y anglófonos, destaca el libro editado por Rita de Maeseneer y An Van Hecke sobre el artista caribeño como guerrero del imaginario (2004) ‒en referencia al guerrier de l’imaginaire en libros de Patrick Chamoiseau como Écrire en pays dominé (ensayo) y Biblique des derniers gestes (novela)‒ y asimismo el estudio “La créolité antillaise entre postcolonialisme et néo-baroque” de Daniel-Henri Pageaux (2001), quien considera que si bien los teóricos mismos de la créolité ponen en primera línea los problemas de lengua, es la preocupación por poner en texto la historia lo que prima.
A mi entender, operan a la par ambas intenciones de cara a esos problemas: la historización de la situación bloqueada –Brathwaite y The development of creole society in Jamaica 1770-1820 (1971, 1978), Glissant y Le Discours antillais (1981, 1997)– y la construcción de una poética créole, como lenguaje que desbloquea y reinventa la lengua francesa en Glissant, y como reivindicación de un nation language en Brathwaite. La historia se puede poner en texto en la medida que la lengua es capaz de articular los lenguajes que testimonian esa historia. En Glissant, Brathwaite, Chamoiseau, Noël y Frankétienne (me refiero a sus textos en francés), la elaboración de las historias sumergidas pasa por una problematización de la lengua, problematización que es descrita como un “choque” de órdenes diversos de sentido, como una “fricción creativa” o una “agonía”, e implicando en cualquier caso el fondo histórico no resuelto de un “intercambio abrupto” que la literatura antillana contemporánea resuelve volver a decir, con sus propias palabras, volver a decir por primera vez.
Si fuera por trazar algunas afinidades electivas que aproximen lo conocido y lo desconocido, vale decir, que hagan más familiar lo desconocido y que a la vez devuelvan su extrañeza a lo que se cree conocido, entonces uno podría leer a Frankétienne en presencia de Pablo de Rokha y Gonzalo Rojas; a Chamoiseau cerca de Carpentier y Faulkner; a Noël en diálogo con Javier Bello y Víctor Cifuentes; a Glissant entre Mistral, Vallejo y Neruda (a quienes tradujo), aunque con una vocación por el símbolo-concepto semejante a Paz y Borges.
Como pensaba Glissant en el prólogo a su Antología de la poesía del Todo-Mundo, una traducción propone al lector algunas entradas en la materia, algunos elementos a partir de los cuales él mismo, ella misma, puede imaginar otras vías y crearlas. Es una invitación a acometer nuevas antologías, con el valor de la paralaje y la valoración de las perspectivas en movimiento. Como en el Ulises, como en todas las odiseas veladas. En el epílogo del mismo libro Glissant escribe: “La idea del mundo solo está viva por permitirse imaginarios del mundo, donde se anuncia que mi lugar incansablemente se une a otros, y el modo en que sin moverse se aventura, y cómo me lleva en este movimiento inmóvil.” (“L’idée du monde n’est vivant que de s’autoriser des imaginaires du monde, où s’annonce que mon lieu inlassablement conjoint à d’autres, et en quoi sans bouger il s’aventure, et comment il m’emporte dans ce mouvement immobile.”)
Ponerse en el lugar de los otros, escuchar y leer y dialogar con otros imaginarios del mundo, es lo que puede animar una idea del mundo. Siempre desde un aquí, “escritura situada” como decía Enrique Lihn, traductor del Cahier d’un retour au pays natal y otros poemas de Aimé Césaire. Una escritura que “se permite” imaginarios del mundo sobre la base de la legitimidad de la vivencia. Y es precisamente un plural: imaginarios, el plural que se forma a partir de los recorridos e intercambios, el plural implícito de la errancia. Sin embargo, al acentuar el hecho de que el del imaginario es un “mouvement immobile”, “sans bouger”, Glissant viene a decir que la ruta comienza aquí, siempre desde un aquí. Por eso es que “permitirse”, “s’autoriser”, tiene una inmediata significación política, con toda la complejidad de cada situación pero con un elemento en común: la intención de autonomía, o sea, la independencia creadora y crítica.
Glissant y Chamoiseau hacen entrar en la escritura no la literalidad de un horror –“le déshumain grandiose”– sino la memoria de los sobrevivientes, las cualidades de resistencia y resiliencia con que esa memoria ha nutrido la tradición cultural créole. A través de la poesía, el ensayo y la novela, en Glissant, y en Chamoiseau fundamentalmente a través de la ficción narrativa, se lee el propósito de contraponer a ese horror la luz de una consciencia libertaria y solidaria. Chamoiseau cree que de la “densidad inerte e indescriptible” de esa oscuridad histórica es posible extraer una imagen de la virtud, que trabaja la existencia, que la esculpe y la orienta. En esa densidad reside el potencial de devenir plenitud; y en lo inerte, de devenir voluntad; y en lo indescriptible, de devenir relato.
El cimarronaje de la memoria responde al llamado de otros pasados, otros presentes, otros futuros, que sabe fundamentales en su propia memoria del presente. No huye de la realidad sino hacia la realidad; abandona el país oficial en una búsqueda del país enterrado; reencuentra la aldea en la metrópolis y viceversa. Tarea de recuperación, reinvención y proyección de memorias inscritas en una historia que ha sido tarjada.
En “La barca abierta”, primer capítulo de Poétique de la Relation (1990), este proceso a la vez poético y psicohistórico se presenta como el tejido de una vela y un velo con los hilos de las experiencias del abismo: el del barco negrero, el del océano, y el de la destinación absolutamente desconocida que aguardaba a los sobrevivientes de la travesía y en donde lo perdido sólo podría ser rehilado en el recuerdo y en la imaginación activa de una vida nueva. Ese tejido se despliega finalmente en el canto, el cuento, el concepto, transformado en ciencia, en visión comunicable.
Claudio Gaete Briones
Valdivia, noviembre de 2017
James Noël
Nace en Hinche, Haití, en 1978. Escribe en criollo (kreyòl ayisyen) y francés. Es autor de Poèmes à double tranchant / Seul le baiser pour muselière (2005), Rectoverso ─Quelques poèmes et des poussières junto a Vingt-cinq poèmes avant le jour de Dominique Maurizi─, Bon Nouvèl (2009), Kabòn 47 (2009), Le sang visible du vitrier (2006), Des poings chauffés à blanc (2010), La fleur de Guernica (ilustrado por Pascale Monnin, 2010), Kana Sutra (2011) y La migration des murs (2012). Ha realizado estudios de etnología y artes dramáticas. Ha vivido en diversos lugares: Port-au-Prince, Numea, París, Nueva York, Liège, Suiza y la Guayana.
de Poèmes à double tranchant / Seul le baiser pour muselière (2005)
Ville de solitude
le ciel est un vide coloré
la mer le plus grand des félins l'air est pollué le feu c'est le désastre l'amour la galère rameurs et rames en alpiniste des hauts-fonds la lune est toute prête à faire chute libre le soleil a le cœur d'enfer
tous les éléments
jouent la farce d'un trompe-l'œil et les actions s'estompent toutes de leur nature première
dormir c'est lâchement mourir
et pisser c'est défier les anges voyeurs la vertu est verte de limon angles avariés jet de pestilence les jours changent de peau comme les femmes changent d'homme vice-versa
la mort se moque des âmes tendres
à coups de griefs et coups de griffes tel chat léchant un dernier geste de souris ma ville souricière ma ville trou de mémoire ma ville seule s'attendrit sur ses vagues chants de mer
la vie est véritablement vide
vide d'essence
« Jeu de mo(r)t »
À la mémoire du journaliste Jean Léopold Dominique,
assassiné le 3 avril 2000
Comment tuer le temps
hormis d'un coup mortel comment le tuer tant à coup de crosse et à coup sûr
est-ce parce que le monde
est petit que le fustigent orages et le font tomber pierres tombales
ô ma terre
myope babel à bout de langue barbouillé de sang pour du roucou
« le crime était à son troisième avril » (1)
Comment tuer le temps
mis hors du jeu de mots
(1) Bertolt Brecht
Poème de la main gauche
Pour le mur
qui rend tangible mon ombre et ma main gauche amicalement blessée par balle
une fille par amour
un jour m'a châtré
Pour les prénoms
que je prête mal à des visages sans mémoires mon argument aile précise d'un vert profil-colibri traînant carrosse aux vents contraires
Il y a un pays qui tombe à pic
au terme d'épingle-soleil sur cette civilisation-baïonnette
Pour la pucelle
rameuse et allumeuse miracle beau de ma verge miraculée
Le biscuit
marche loup blanc dans ma savane aux faims hurlantes
Cette savane et ce tombeau
qui me renversent dans une noirceur trou de cul d'ombre
Pour les baisers bien déguisés
téléguidés par des mains d'hommes et tombant inodores en panne d'ailes
Il y a la mariée qui me fend l'âme
me rallumant feux-follets avec des larmes convaincantes
pour mon poème sous pli caché
pli cacheté et recassé proie d'une plume sans fémur
de Kana Sutra (2011)
la mort qui a tué Jésus
n’est pas la même qui a amériqué
Martin Luther King
la mort qui a tué Jean-Marie Tjibaou
ne parle pas la même langue
que la mort bilingue des perruches
la mort qui a tué le poète Aimé Césaire
n’est pas la soeur
de la mort sans frontière
qui a emboucané
marabouté
voire mangé
trois cent mille âmes haïtiennes
devant les fémurs tremblants
du vingt et unième siècle
En toute magnitude !
Je rends grâces à
Grâces, je rends grâces à l’étrangère, à la vierge, celle tout indigo qui a tourné de l’oeil au risque de perdre son coeur dans une fuite d’eau, de larme de compassion subite. Je rends grâces à la terre des hommes et des humanités. Mais, j’abomine…
J’abomine l’humanitaire. Cet humanitaire, je l’abomine et le débobine. Le déclare crime contre l’humanité !
Ma bouche est pleine de crachats, de colère sourde et visqueuse. Ma bouche est pleine de baisers automatiques, et de respirations artificielles pour exorciser les poumons pollués du monde. Je vous donne ma parole, cette bouche est une arme silencieuse allant droit et toujours droit au but. C’est une bouche avec des pensées, des silences en série. Taisez-vous les morts. Je vous demande de vous taire par le creux de vos fémurs. Taisez-vous par les trous qui sifflent dans vos têtes improvisées de morts incalculables. Les murs sont tombés. La mort est libre.
Du tremblement de terre, je n’ai pas tiré de grandes leçons, à part la terre et une certaine idée du tremblement. Je n’ai rien appris de ma ville, si ce n’est qu’il y a ici-bas des villes qui partent, sans état d’âme. Des villes qui partent dans un seul souffle comme un orgasme.
De la mort, je n’ai pas tiré de grandes leçons. Je suis homme de grande crue et de turbulente turbine. Pour avancer et atteindre au fil du temps la ligne souple de l’horizon, faudrait penser à canaliser la mort.
Je n’ai rien appris de la vie, si ce n’est qu’il existe d’autres façons de mourir. Les murs sont tombés. Filles et garçons qui partagez en vain un air de famille avec le vent. Laissez passer mon sang en tapis rouge sous vos pieds. Emplissez-vous le coeur dès le réveil, buvez tout le soleil avec son jaune d’oeuf à l’intérieur. C’est en vain filles et garçons d’ici que vous avez un air en commun avec le vent.
Si vous ne maintenez pas le jour sur vos nombrils, garçons et filles, jamais cet air ne vous rendra légers.
Je n’ai rien appris de la mort. Rien de la terre. Ni de la mer. Ni du vent. Ni des vagues. Ni des chapeaux, d’où qu’ils viennent d’ailleurs. De Panama à d’autres villes de chapeliers, ma tête reste dure comme une obsession puisée d’un incassable espoir.
Mon être en bloc aspire à une âme parasismique. Grâce au soleil, à la pluie et au divin bleu des nuages.
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de Poemas de doble filo / Solo el beso por bozal (2005)
Ciudad solitaria
el cielo es un vacío coloreado
el mar el más grande de los felinos
el aire está contaminado
el fuego es el desastre
el amor la galera
remeros y remos de alpinista
de los altos-fondos
la luna está a punto
de hacer
caída libre
el sol tiene el corazón de infierno
todos los elementos
juegan la farsa de un trampantojo
y de todas las acciones
se difumina su naturaleza primera
dormir es morir cobardemente
y mear
es desafiar a los ángeles mirones
la virtud es verde de limo
ángulos averiados chorro de pestilencia
los días cambian de piel
como las mujeres
cambian de hombre
viceversa
la muerte se burla de las almas tiernas
a golpes de perjuicios
y golpes de garras
como gato lamiendo un último gesto de ratón
mi ciudad ratonera
mi ciudad hoyo de memoria
mi ciudad sola se enternece
sobre sus olas canciones de mar
la vida está verdaderamente vacía
vacía de esencia
Juego mortal de palabras
A la memoria del periodista Jean Léopold Dominique,
asesinado el 3 de abril de 2000
Cómo matar el tiempo
fuera de un golpe mortal
cómo matarlo tanto
a golpes de culata
y de seguro
es porque el mundo
es pequeño
que lo fustigan tormentas
y lo tumban lápidas
oh mi tierra
miope
babel en la punta de la lengua
embadurnada de sangre en vez de achiote
“el crimen estaba en su tercer abril”
Cómo matar el tiempo
fuera
del juego de palabras
Poema de la mano izquierda
Para el muro
que vuelve tangible mi sombra
y mi mano izquierda
amistosamente herida de bala
una chica por amor
un día
me castró
Para los pronombres
que presto mal
a rostros sin memorias
mi argumento ala precisa
de un verde perfil-colibrí
arrastrando carroza en vientos contrarios
Hay un país que cae a pique
al final de alfiler-sol
sobre esta civilización-bayoneta
Para la virgen
remadora y fogosa
milagro bello de mi verga salva
La galleta
anda lobo blanco
en mi sabana de hambres aullantes
Esta sabana y esta tumba
que me derriban
en un negror hoyo del culo de sombra
Para los besos bien disfrazados
teledirigidos por manos de hombres
y dejando inodoros en pana de alas
Hay la casada que me parte el alma
alumbrándome fuegos fatuos
con lágrimas convincentes
para mi poema en sobre oculto
sobre sellado y requebrado
presa de una pluma sin fémur
de Kaña Zutra (2011)
la muerte que mató a Jesús
no es la misma que americó
a Martin Luther King
la muerte que mató a Jean-Marie Tjibaou
no habla la misma lengua
que la muerte bilingüe de los pericos
la muerte que mató al poeta Aimé Césaire
no es la hermana
de la muerte sin fronteras
que ahumó
hechizó
incluso comió
trescientas mil almas haitianas
ante los fémures trémulos
del siglo veintiuno
Con total magnitud!
Doy gracias a
Gracias, doy las gracias a la extranjera, a la virgen toda índigo, la que se desmayó a riesgo de perder su corazón en una fuga de agua, de lágrimas de compasión súbita. Doy gracias a la tierra de los hombres y de las humanidades. Pero abomino…
Abomino lo humanitario. Ese humanitarismo lo abomino y lo desembobino. Lo declaro crimen contra la humanidad!
Mi boca está llena de gargajos, de cólera sorda y viscosa. Mi boca está llena de besos automáticos y respiraciones artificiales para exorcizar a los pulmones contaminados del mundo. Les doy mi palabra, esta boca es un arma silenciosa que va directa y siempre directa al grano. Es una boca con pensamientos, con silencios en serie. Cállense los muertos. Les pido que se callen por el hueco de sus fémures. Cállense por los hoyos que silban en sus cabezas improvisadas de muertes incalculables. Cayeron los muros. La muerte es libre.
Del terremoto no saqué grandes lecciones, aparte de la tierra y una cierta idea del temblor. No aprendí nada de mi cuidad, salvo que aquí abajo hay ciudades que parten, sin estado anímico. Ciudades que parten de un solo soplo como un orgasmo.
De la muerte no saqué grandes lecciones. Soy un hombre de gran crecida y turbulenta turbina. Para avanzar y alcanzar con el paso del tiempo la línea flexible del horizonte, habría que pensar en canalizar la muerte.
No aprendí nada de la vida, salvo que existen otras formas de morir. Cayeron los muros. Chicas y chicos que comparten en vano un aire de familia con el viento. Dejen pasar mi sangre como una alfombra roja bajo sus pies. Llénense el corazón desde el despertar, beban todo el sol con su yema de huevo en el interior. Chicas y chicos de aquí, en vano tienen un aire en común con el viento.
Si no mantienen el día sobre sus ombligos, chicos y chicas, este aire nunca los hará ligeros.
No aprendí nada de la muerte. Nada de la tierra. Ni del mar. Ni del viento. Ni de las olas. Ni de los sombreros, de donde sea que vengan. De Panamá o de otras ciudades de sombrereros, mi cabeza sigue dura como una obsesión extraída de una inquebrantable esperanza.
Mi ser en bloque aspira a un alma antisísmica. Gracias al sol, a la lluvia y al divino azul de las nubes.
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Patrick Chamoiseau
Nace en Fort-de-France, Martinica, en 1953. Su escritura se despliega a través de la novela ─recordemos Chronique des sept misères (1986), Solibo Magnifique (1988), Texaco (1992), L’Esclave vieil homme et le molosse (1997), Un dimanche au cachot (2007)─, el ensayo ─por ejemplo, Éloge de la créolité (con Raphaël Confiant y Jean Bernabé, 1989) y Écrire en pays dominé (1997)─, el relato autobiográfico ─la trilogía de Antan d'enfance (1990), Chemin d’école (1994) y À bout d’enfance (2005)─, el guión ─L’Exil du roi Behanzin (1994), Le Passage du Milieu (2000), Biguine (2004), Aliker (2008), realizadas por Guy Deslauriers, y Nord-Plage (2004), por José Hayot─ y el cómic: Encyclomerveille d’un tueur (dibujos de Thierry Segur, 2009). Actualmente reside en su ciudad natal.
de Texaco (1992)
LE
NOUTEKA DES MORNES
Noutéka…
Nous avions l’impression d’avancer contre les vents. Ce dernier
gardiennait son domaine. À chaque débouché au-dessus d’une ravine, il nous
cueillait avant le payssage. Plus pur. Plus sauvage. Sans pièce odeur que
celle des cannes à eau. Mais surtout bien plus froid… (illisible)
Silence. Aucun oiseau ombré sous la broussaille ou battant l’aile sous
l’alizé léger, n’osait mener désordre. (illisible)
Nous allions. Les mornes n’étaient pas si vides que ça. Partout, de ci, de
là, mais de plus en plus rares à mesure des montées, l’antique vie
surgissait. Ruines d’anciennes Grand-cases. Solages de chapelles, Canaux de
pierres mortes. Os d’une roue au-dessus d’une rivière. Pieds-cacos momifiés
sur l’ombre d’une plantation. Et-caetera de pieds-café, de pieds tabac… Ici,
plus d’un colon avait perdu sa part : c’était lisible.
Noutéka…
Nous croisâmes de vieux-blancs garés dans la folie. Engagés libérés des
contrats, ils étaient montés là au temps marquis d’Antin, quand les hommes
Caraïbes refluaient du pays. Ceux-là nous regardaient passer sans surprise,
main posée sur chassepots d’au-temps des boucaniers. Parfois, ils nous
prenaient pour des nègres marrons. Alors ils nous saluaient. Mais là, pour
nous, Marie-Sophie, c’était pas maronner, c’était aller. C’était pas refuser, c’était faire, chaque rein bien amarré, c’est ça l’histoire du père
Grégoire… (illisible)
Ces vieux-blancs nous faisaient accélérer le pas. Leur présence disait
que nous n’étions pas assez loin. Ni surtout assez haut.
Noutéka…
Nous rencontrâmes des négresses à békés. Tôt, elles avaient reçu un flanc
de mornes, une crête de terre. Et elles vivaient là-dessus avec leur tralée
de mulâtres, leur rafale de chabins, hors du monde, hors du temps. Penchées
sur la terre comme au-dessus de leur propre destin qu’elles tentaient de
déchiffrer dans les racines crochues qui leur donnaient manger.
En passant nous leur criions que Liberté était venue. Leurs fils, des
êtres à cheveux jaunes dérangés par le vent, gardaient la bouche fermée et
n’y comprenaient hak. Seule la vieille manman troublait sa solitude d’un débat
de paupières. L’antique, réveillée d’une mort séculaire, nous adressait trois
petits signes de main. Mais signes de quoi au plus exact ? Signes sans bonjour et sans
adieu.
D’autres fois, la négresse à béké s’enfuyait, refusant de nous voir
exister, refusant d’exister autrement qu’au fil à plomb de son désir :
mère de mulâtres qui se mariant entre eux finiraient bien par devenir tout
blancs et posséder la vie… (illisible)
Nous rencontrâmes des nègres marrons. Leurs ajoupas se mêlaient aux
fougères. Ceux-là étaient sombres, absents du monde aussi, différents. Ils
étaient, le temps passant, demeurés en esprit dans le pays d’avant. Les voir
surgir était une étrangeté. Ils charriaient des pagnes, des lances, des arcs.
Ils exhibaient des espèces de bracelets sculptés dans le bambou, des plumes
de mafinis, des anneaux à l’oreille, des doigts de cendre sur le visage. Ils
surgissaient non pas pour le bonjou, mais pour nous signaler que tel lieu
était pris, qu’il fallait battre plus loin.
À eux aussi nous disions : Liberté là, Liberté là. Ils nous
regardaient sans pièce curiosité et ils disparaissaient flap. C’était nous
dire : Cette liberté est une bien vieille affaire. Chez ces rebelles des
premiers temps, il n’y avait pour nous, pas le moindre sentiment. Pas une
lueur amicale. Pas de quoi espérer autre chose qu’un mépris. Alors plus d’un
d’entre nous s’écriaient en pleine rage : Yo pa ba nou’y fout’ ! Sé nou ki pran’y, Ils ne nous l’ont
pas donné, nous l’avons prise… Merci-Bondié : nous possédions cette
histoire-là…
Nous croisâmes ces jardins de mulâtres. Ils en cultivaient dans les hauts
par l’entremise d’esclaves gardiens. Ces derniers ne se savaient pas encore
libres. Ils allaient sur la terre de leurs maîtres comme chiens à corde
courte. Jamais ils ne voulaient nous suivre, comme pris dans l’habitude
d’être mort avant leur enterrement.
Quand le jour couchant colorait des menaces, et le jour levant, son
gloria vaillant, là-haut, c’était bon de se taire. La nuit portait rumeur
(cabribwa, grounouye, kriket) affaiblie vers quatre heures du matin. Puis les
fal-jaunes sonnaient du bec jusqu’au silence d’église saucé dans les heures
chaudes [1].
Noutéka…
Nous trouvâmes des nègres affranchis : ils n’avaient pas rejoint les
bourgs proches ou l’En-ville. Ceux-là nous accueillaient, nous désignaient
les places. Parmi eux, parfois, des blancs naufragés qui parlaient une langue
polonaise ou autre verbe sans manman. Nous trouvâmes des mulâtres de goyave, d’obscurs
békés venus au bord du ciel pour accorder le monde avec leur fol amour d’une
troublante négresse. Dans la tourmente de cette terre nuageuse, tous avaient
déployé les Traces. Ils avaient
creusé d’étroits sentiers de crêtes, dessiné du talon au gré de leur errance,
la géographie d’un autre pays. Nos quartiers allaient nicher-pile aux
en-croisées de ces Traces premières.
Ils nous montrèrent ce que les békés nommaient leurs bois-debout. Ces
derniers, nous l’apprîmes, avaient quadrillé le pays au plus fin. Même aux
limites du vol de l’oiseau malfini, ils avaient bawoufé, posé la main qui
prend. De temps en temps, ils surgissaient sauvages, délogeaient l’occupant,
dénouaient les cases en pailles. Parfois, tolérant cette misère, ils
rappelaient au gracié, que cette terre sans personne n’était pas au Bondieu.
Noutéka
Apprendre à ne pas nous installer trop haut — côté froid, là où nos cases aux parois de bois noué n’accoraient
pas le vent — côté d’eau, là où nos
tricots n’enveloppaient pas assez — côté
d’air rare, là où il aurait fallu manger d’une autre manière pour tenir
bien debout. Les longues fougères donnaient la limite du monter.
Noutéka…
Trop haut, la terre était malement chabine, c’est-à-dire à mauvais
caractère, nerveuse, peu fidèle, elle trahissait les cases et les cultures.
Menant de vieilles noces avec la pluie, elle s’en allait souvent dans un
désastre de vies, d’outils et de jardins.
Que de cases ensevelis avant qu’on ait compris. À
Nous vîmes courir ces cochons-sauvages que l’Espagnol lâchait dans le
pays au temps d’avant l’antan.
Noutéka
Occuper les dos cabossés, les têtes de pics. C’était bâtir le pays (pas
le pays mulâtre, pas le pays béké, pas le pays kouli, pas le pays kongo: le
pays de nèg-terre). Bâtir le pays en Quartiers, de Quartier en Quartier,
surplombant les bourgs et les lumières d’En-ville.
Frangipanier à fleurs rouges et jaunes, parfume les misères les plus
vieilles… (illisible)
Dire Quartier c’est dire :
nègres sortis de liberté et entrés dans la vie en tel côté de terre.
Habitation voulait dire : Grand-case, dépendances, terre et nègres
amarrés. Quartier voulait
dire : soleil, vent, œil de dieu seulement, sol en cavalcade et nègres
échappés vrais. Mais attention Marie-Sophie : je te parle des Quartiers d’en-haut, quartiers des
crêtes, des mornes, et des nuages. Quartiers
d’en-bas, à hauteur des champs de cannes, veut dire la même chose
qu’habitation. C’est là que les békés coinçaient leurs ouvriers.
Apprendre qu’ici la terre était plus riche qu’en bas, plus neuve, plus
nerveuse, pas encore tétée d’et-caetera récoltes. Et trouver la pente bonne.
L’exigence fut de survivre sans devoir redescendre. Nous cultivâmes ce
que les békés appellent plantes secondes, et nous-mêmes : plantes-manger.
Au bord des plantes-manger, il faut les plantes-médecine, et celles qui
fascinent la chance et désarment les zombis. Le tout bien emmêlé n’épuise
jamais la terre. C’est ça jardin-créole.
Travaille encore, travaille toujours : terre dégradée n’est pas
encore jardin.
Marque tes bornes avec du verre pilé ; là-dessus plante l’immortelle
sanglante.
D’abord, planter la providence du pied-fruit-à-pain. Pour réduire le
manque d’huile, planter pieds-d’avocat. Sombrer l’ombrage et l’arrosage.
Veiller la lune : lune qui monte fait tout monter, lune qui descend
étale tout bien. Planter ventre vide c’est arbre sans fruits. Planter ventre plein, c’est
arbre bon-cœur. Poser gardiens contre vents de sel. Planter
raziés à griffes là où la terre tremblote : Pois-doux, Poirier-pays,
Pommier-rose, pieds-zoranges. De loin, ça semble bonheur-la-chance, mais en
fait, Marie Sophie, c’est balises du destin. Il te faut lire le paysage.
Le fromager t’offre son ombre assez vite et même son coton bon pour
garder tes oreilles des paroles inutiles…
Noutéka
Apprendre à déposer nos cases sur des terrasses creusées dans la pente
verticale, à les crocheter à l’os d’une roche si l’os de roche est là. Les
accorer de terre. Apprendre l’appui sur le bord de l’à-pic pour l’entrée de
la case. L’autre morceau de la case s’offre aux deux pilotis qui descendent
dans le fond chercher dos de la terre.
Sillonne, sillonne, sillonne l’horizontale.
Eviter les grands fonds : c’est vie mouillée obscure. Mais, ouverts
au soleil, les fonds t’offrent une terre mère, fertile, prodigue de l’eau
d’une rivière calme. Eau de fonds c’est promesse d’arrosages durant les soifs
fendantes de la saison carême. C’est comme carafes Bondieu.
Apprendre à nous placer derrière les dos de mornes : ils défoncent
les nuages et les forcent à s’élever. C’est nid d’un plus de chaud, et d’un
peu plus de sec.
Noutéka
Calcule sur l’endroit de ta case. Le restant va
bonnement.
La terrasse se construit en coup de main. Tout le monde à bord, personne
en bas, tafia, chacha, tibwa. Deux bougres au bout d’une corde défoncent la
falaise. Ils creusent à l’horizontale, jettent la terre par en bas. Autour de
l’espace dégagé, retiens la terre blessée par une pile de grosses roches, et
plantes-y des pieds-bois qui poussent sans réfléchir. Sur la terrasse, dépose
ta case.
Partout, au bord des grappes de cases, le vert sans soif de tous nos
arbres à pain. Signe de liberté bien longue.
Cultiver à l’horizontale. Pièce pente n’était à craindre : nous
n’avions d’outils que le coutelas avec le madjoumbé. Légers à
charroyer. Légers à travailler. Nous allions de
terrasses en terrasses. Bientôt, surgit le carrelage des jardins sur les
pentes les plus roides. Jardins de vertes vaillances, jardins de terre
remuée, vivant de ponce cendrée, colorée de tufs ocres. Sillonne, mon fi,
sillonne…
Nous portions nos produits à tête de femmes, épaules d’hommes, échine de
bourricots. Les Traces étaient donc autres que les routes coloniales :
elles menaient sans trompettes où ton cœur le voulait. Plus tard, pour les
écoles, lors des changements de temps, il fallut dire aux maires de nous les
cimenter, réduire leurs pentes glissantes, leurs angles de légèreté, leurs
plongées de vitesse. Il nous fallut plus tard, relier les Traces aux routes
pour descendre vers l’Usine. Mais les Traces restèrent autres.
Noutéka
Les routes dépaillent la solitude et suggèrent d’autres vies. Elles font
monter l’En-ville. Elles emportent toutes les cases dans une ronde anonyme et
détruisent les Quartiers. La route n’est bonne ni trop tôt ni trop tard.
L’avoir exact, c’est se penser chancé.
Aimer la solitude. Pas celle des koulis débarqués qui vivaient stupéfiés.
Il faut pouvoir, au pipiri, héler par-dessus la lisière son compère de
l’á-droite, sa commère de l’á-gauche. Être trop seul dans les hauts c’était
offrir l’échine aux mains sales des zombis. L’entraide était en loi, le coup
de main au possible, l’entente au nécessaire : dans les hauts, solitude
doit combattre isolement. De ne l’avoir pas su, charge des premiers colons
perdirent cette aventure. Solitude, c’est famille liberté. Isolement, c’est
manger pour serpents… (illisible)
La famille s’agrandit. Le négrille trouve force de cultiver. Alors, il va
plus loin chercher son propre jardin. Les jardins s’éloignèrent des cases, et
quittèrent les Quartiers. C’est pourquoi.
Sinon, cases et jardins allaient ensemble-ensemble.
Quartier créole est une permission de la géographie. C’est pourquoi on
dit Fond-ceci, Morne-cela, Ravine-ceci, Ravine-cela… C’est la forme de la
terre qui nomme le groupe des gens.
Terre bouleversée, donne place à case petite. On les colle l’une sur
l’autre, de chaque côté de
Plante ton cocotier avec trois poings de sel. Pois d’Angole n’est pas plante
à souci… (illisible)
Quand le relief est mol, les cases prennent l’envol. Les Quartiers
élargis se touchent et se mélangent. Quand l’os de terre s’élance, les cases
font étoile alentour de la pointe et suivent les tranchants. Là, le Quartier
fait fil.
Noutéka
Quartier créole obéit à sa terre, mais aussi à ses herbes dont il retire
la paille. Et aussi à ses bois dont il enlève ses cases. Et aussi aux
couleurs de sa terre d’où il tire sa maçonne. Quartier créole est comme fleur
de l’endroit.
Quartier créole c’est des gens qui s’entendent. De l’un à l’autre, une
main lave l’autre, avec deux ongles, l’on écrase la puce. C’est l’entraide qui mène. Un Quartier même
s’écrie comme ça. C’est te dire…
Un
mayoumbé. Seulement ça. Et la terre, si tu
peux y monter, est ta commère la plus féconde. Un mayoumbé seulement… (illisible)
Cahiers nos
3, 4 et 5 de Marie Sophie Laborieux 1965. Bibliothèque
Schoelcher.
|
de Texaco (1992)
EL NOUTÉKA DE LOS
CERROS
Noutéka…
Teníamos la impresión de avanzar contra el viento. Él vigilaba su
dominio. A cada desembocadero sobre un barranco, nos agarraba antes que el
paisaje. Más puro. Más salvaje. Sin otro olor que el de los juncos de agua.
Pero sobre todo mucho más frío… (ilegible)
Silencio.
Ningún pájaro a la sombra de los matorrales ni batiendo alas bajo el alisio
ligero, se atrevía a hacer desorden. (ilegible)
Íbamos.
Los cerros no estaban tan vacíos. Por todas partes, aquí y allá, pero cada
vez más rara conforme subíamos, la antigua vida surgía. Ruinas de haciendas
viejas. Pisos de capillas. Canales de piedras muertas. Huesos de una rueda
encima de un río. Cacaos momificados bajo la sombra de una plantación.
Etcétera de plantas de café, de tabaco… Aquí, más de un colono había perdido su
parte: era legible.
Noutéka…
Nos cruzábamos
con blancos-viejos estacionados en la locura. Posesos libres de contratos que
habían subido allí en los tiempos del marqués de Antin, cuando los caribes
refluían del país. Ellos nos miraban pasar sin sorpresa, la mano apoyada
sobre fusiles del tiempo de los bucaneros. A veces, nos tomaban por negros
cimarrones. Entonces nos saludaban. Pero para nosotros, Marie-Sophie, no era
cimarronear, era ir. No era
rechazar, era hacer, con los riñones
bien amarrados, esa es la historia del padre Gregorio… (ilegible)
Estos blancos-viejos
nos hacían acelerar el paso. Su presencia decía que no estábamos lo bastante
lejos. Ni sobre todo, lo bastante alto.
Noutéka…
Encontramos
negras de békés. No habían tardado en recibir una ladera, una cresta de
tierra. Vivían en lo alto con su tropa de mulatos, su ráfaga de mestizos,
fuera del mundo, fuera del tiempo. Inclinadas sobre la tierra como sobre su
propio destino que intentaban descifrar en las raíces ganchudas que les daban
de comer.
Al pasar
les gritábamos que Libertad había llegado. Sus hijos, seres de pelo rubio
desordenado por el viento, mantenían la boca cerrada y no entendían ni jota.
Solo la mamá vieja inquietaba su soledad en una lucha de párpados. La
antigua, despertada de una muerte secular, nos hacía tres señitas con la
mano. ¿Pero señas de qué exactamente? Señas sin alegría y sin adiós.
Otras
veces la negra de béké huía, rehusando vernos existir, rehusando existir de
otra forma que en el hilo a plomo de su deseo: madre de mulatos que casándose
entre sí acabarían por volverse bien blancos y poseer la vida… (ilegible)
Encontramos
negros cimarrones. Sus chozas se mezclaban con los helechos. Eran sombríos,
ausentes del mundo también, diferentes. Con el tiempo, se habían quedado de
espíritu en el país de antes. Era extraño verlos surgir. Acarreaban
taparrabos, lanzas, arcos. Exhibían unas especies de brazaletes esculpidos en
bambú, plumas de malfinis, aros en
las orejas, dedos de ceniza en la cara. Surgían no para el buenos días sino
para señalarnos que ese lugar ya estaba tomado, que había que buscárselas más
lejos.
A ellos
también les decíamos:
Cruzamos
esos jardines de mulatos. Los cultivaban en las alturas usando esclavos
guardianes. Estos aún no se sabían libres. Iban por la tierra de sus amos
como perros con la correa corta. Nunca querían seguirnos, como presos de la costumbre
de estar muertos antes de su entierro.
Cuando el
atardecer coloreaba amenazas, y el amanecer, su gloria valiente, allá arriba,
era bueno callarse. La noche traía rumores (grillo, rana, saltamontes) que se
atenuaban hacia las cuatro de la mañana. Luego los mieleros gorjeaban hasta
el silencio de iglesia mojada en las horas calientes.
Noutéka…
Encontramos
negros libertos: no habían ido ni a las aldeas cercanas ni a
Allí nos
mostraron lo que los bekés llamaban sus bosques-de-pie. Estos, nos enteramos,
habían cuadriculado el país hasta lo más recóndito. Incluso en los límites
del vuelo del malfini habían hecho una
razia y puesto la mano que cobra. De vez en cuando surgían salvajes,
desalojaban al ocupante, desataban las cabañas de paja. A veces, tolerando
esta miseria, recordaban al indultado que esta tierra sin nadie no era del
Buendiós.
Noutéka
Aprender a
no instalarnos demasiado alto — lado
frío, ahí donde nuestras cabañas con paredes de madera amarrada no
escoran el viento — lado de agua,
ahí donde nuestros tejidos no envolvían lo suficiente — lado de aire raro, ahí donde habría que haber comido de otra
forma para tenerse en pie. Los largos helechos señalaban el límite de la
subida.
Noutéka…
Demasiado
alto, la tierra era malamente mestiza, es decir de mal carácter, nerviosa,
poco fiel, traicionaba las cabañas y los cultivos. Por sus viejas bodas con
la lluvia, a menudo se iba en un desastre de vidas, herramientas y jardines.
Cuántas
cabañas sepultadas antes que entendiéramos. En
Vimos
correr esos cerdos-salvajes que el Español soltaba en el país en tiempos de
antes del antaño.
Noutéka
Ocupar las
espaldas jorobadas, las cabezas de picos. Era construir el país (no el país
mulato, no el país béké, no el país culi, no el país congo: el país
neg-tierra). Construir el país en Barrios, de Barrio en Barrio, sobrevolando los
pueblos y las luces de En-ville.
Sacuanjoche
de flores rojas y amarillas, perfuma las miserias más viejas… (ilegible)
Decir Barrio es decir: negros salidos en
libertad y entrados en la vida en tal pedazo de tierra. Plantación quería
decir: Gran-cabaña, dependencias, tierra y negros amarrados. Barrio quería decir: sol, viento, ojo
de dios solamente, suelo en tropel y verdaderos negros fugitivos. Pero
cuidado Marie-Sophie: te hablo de los Barrios
de arriba, barrios de las crestas, de los cerros y de las nubes. Barrios de abajo, a la altura de los
campos de cañas, quiere decir la misma cosa que plantación. Allí es donde los
békés acorralaban a sus obreros.
Aprender
que aquí la tierra era más rica que abajo, más nueva, más nerviosa, aun no
mamada por etcétera cosechas. Y encontrar la buena pendiente.
La
exigencia fue sobrevivir sin volver a bajar. Cultivamos lo que los békés
llaman plantas segundas, y nosotros: plantas-comer. Al borde de las
plantas-comer hacen falta las plantas-medicina, y las que fascinan la suerte
y desarman a los zombis. Todo bien mezclado nunca agota a la tierra. Esto es
el jardín-criollo.
Sigue
trabajando, trabaja siempre: tierra degradada todavía no es jardín.
Marca tus
lindes con vidrio molido; ahí arriba planta la siempreviva sangrienta.
Primero,
plantar la providencia del frutipán. Para reducir la falta de aceite, plantar
paltos. Pensar en la sombra y el riego. Fijarse en la luna: luna que crece
hace crecer todo, luna que mengua extiende todo bien. Plantar con la guata
vacía es árbol sin frutos. Plantar con la guata llena es árbol buen-corazón.
Poner guardias contra vientos de sal. Plantar matorrales con garras allí
donde la tierra tiembla: Arveja-dulce, Peral-país, Manzano-rosa, naranjos. De
lejos, parece felicidad-la-suerte, pero de hecho, Marie-Sophie, son balizas
del destino. Tienes que leer el paisaje.
La ceiba
te da su sombra bastante rápido e incluso su algodón bueno para cuidar tus
orejas de las palabras inútiles…
Noutéka
Aprender a
depositar nuestras cabañas sobre terrazas cavadas en la pendiente vertical, a
engancharlas al hueso de una roca si el hueso de roca está allí. Apuntalarlas
con tierra. Aprender el apoyo sobre el borde del acantilado para la entrada
de la cabaña. El otro pedazo de la cabaña se ofrece a dos pilotes que bajan
al fondo a buscar el lomo de la tierra.
Surca,
surca, surca la horizontal.
Evitar los
grandes fondos: es vida mojada oscura. Pero, abiertos al sol, los fondos te
dan una tierra madre, fértil, pródiga en el agua de un río calmo. Agua de los
fondos es promesa de riegos durante la sed tajante de la estación cuaresma.
Son como jarras Buendiós.
Aprender a
colocarnos tras las espaldas de los cerros: desfondan las nubes y las fuerzan
a elevarse. Es nido más caliente y un poco más seco.
Noutéka
Calcula el
lugar de tu cabaña. El resto va naturalmente.
La terraza
se construye en una minga. Todo el mundo a bordo, nadie se queda abajo,
tafia, chacha, tibuá. Dos tipos al extremo de una cuerda desfondan el
barranco. Cavan en la horizontal, tiran la tierra debajo. En torno al espacio
despejado, retén la tierra herida con una ruma de peñascos y planta allí
árboles que brotan sin pensar. Sobre la terraza instala tu cabaña.
Por todas
partes, al borde de los racimos de cabañas, el verde sin sed de todos
nuestros árboles del pan. Signo de libertad bien larga.
Cultivar
en la horizontal. Ni una pendiente que temer: nuestras únicas herramientas
eran el cuchillo y el horcón. Livianos de acarrear. Livianos de trabajar.
Íbamos de terraza en terraza. Pronto surgió la cuadrícula de los jardines
sobre las cuestas más empinadas. Jardines de verdes valentías, jardines de
tierra removida, viva de pómez cenicienta, coloreada con tobas ocres. Surca,
hijo mío, surca…
Llevábamos
nuestros productos en cabezas de mujer, hombros de hombre, espinazos de
borrico. Entonces las Huellas no eran las de las carreteras coloniales: ellas
te llevaban sin trompeta donde tu corazón deseaba. Más tarde, por las
escuelas, cuando los cambios de tiempo, hubo que pedirles a los alcaldes que
nos las pavimentaran, reducir las laderas resbaladizas, sus ángulos de
ligereza, sus piqueros de rapidez. Más tarde tuvimos que unir las Huellas a
las carreteras para bajar a
Noutéka
Las
carreteras quitan la paja de la soledad y sugieren otras vidas. Hacen subir
Amar la
soledad. No la de los culis desembarcados que vivían pasmados. Hay que poder,
al pitirre, llamar por sobre la linde a su compadre de la derecha, su comadre
de la izquierda. Estar demasiado solo en las alturas era entregar el espinazo
a las manos sucias de los zombis. La ayuda mutua era ley, echarse una mano a
como dé lugar, armonía en lo necesario: en lo alto, soledad debe combatir
aislamiento. Por no haberlo sabido, un montón de primeros colonos perdieron
esta aventura. Soledad es familia libertad. Aislamiento es comer para
serpientes… (ilegible)
La familia
crece. El negrito halla la fuerza para cultivar. Entonces va más lejos a
buscar su propio jardín. Los jardines se alejaron de las cabañas y dejaron
los Barrios. Es por eso. Si no, cabañas y jardines irían juntos-juntos.
Barrio
criollo es un permiso de la geografía. Por eso se dice Fondo-esto,
Cerro-estotro, Barranco-esto, Barranco-estotro… Es la forma de la tierra la que
nombra al grupo de personas.
Tierra
revuelta da lugar a casa chica. Pegamos unas con otras, a ambos lados de
Planta tu
coco con tres puñados de sal. Arveja de Angola no es planta de que
preocuparse… (ilegible)
Cuando el
relieve es blando, las cabañas toman vuelo. Los Barrios ampliados se tocan y
se mezclan. Cuando el hueso de tierra se alza las cabañas forman estrella en
torno a la punta y siguen los filos. Ahí, el Barrio se hila.
Noutéka
Barrio
criollo obedece a su tierra, pero también a sus yerbas cuya paja retira. Y
también a sus bosques de los que obtiene sus cabañas. Y también a los colores
de su tierra de donde saca su cimiento. Barrio criollo es como flor del
lugar.
Barrio
criollo es gente que se entiende. De uno a otro, una mano lava la otra, con
dos uñas se aplasta la pulga. La ayuda
mutua es la guía. Incluso un Barrio se llama así. O sea…
Un mayombe.
Solo eso. Y la tierra, si puedes subir, es tu comadre más fecunda. Solo un mayombe…
(ilegible)
Cuadernos nos 3, 4 y 5 de Marie-Sophie Laborieux 1965.
Biblioteca Schœlcher.
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[1] Lè fin-bout la jounen téka bay koulé goj, lè jou téka lévé gloria
toudouvan, an môn falé ou té pé la. Lannuit téka chayé an latrilé bruitaj
(kabribwa, grounouy, Kritjèt) tonbé kayan koté ka tred maten. Epi, fal jôn té
ka sonnen bek yo, jis lè pa té rété piès bri, kontel an fon légliz lè soley la
ka bat. (Autre version, en page 7 du
cahier Nº 2.)
En-ville: “La lengua créole no dice la ville (la ciudad), dice l’En-ville. L’En-ville no designa una geografía urbana bien localizable sino esencialmente un contenido, por tanto, una suerte de proyecto. Y este proyecto, aquí, era existir.” (nota de Texaco, p. 422).
Malfini: águila aliancha o gavilán aliancho (Buteo platypterus).
Chacha: instrumento musical similar a la maraca.
Tibwa: 2 baquetas de madera de unos 40 cms. con que se toca directamente sobre la parte trasera del tambor.
Mayoumbé: baile de origen africano.
Frankétienne
Escritor y pintor. Nace en Ravine Sèche, Haití, en 1936. Su infancia como niño mestizo y sin padre en un medio popular negro, es el motivo de su novela H’Éros-Chimère (2002). En este libro, al igual que en L’oiseau schizophone (1993), se combinan imágenes, juego de caracteres y caligrafías que transforman el suceder de la escritura-lectura en lo que Franketyèn denomina una “espiral”. Es también autor de Mur à créver (1968), Ultravocal (1972), Le sphinx en feu d’énigme. Spirale poétique (2009). En kreyòl ha publicado la novela Dézafi (1975) y las obras de teatro Pèlin-Tèt (1978), Bobomasouri (1984), Kaselezo (1985), Totolomanwèl (1987) y Kalibofobo (1988). En 2004 el museo de arte haitiano del Colegio de Saint-Pierre inaugura la exposición Frankétienne: Entre ténèbres et lumière, con veinte frescos sobre la revolución haitiana.
de Le
sphinx en feu d’énigme. Spirale poétique (2009)
La graisse biblique
brilla d’or et d’argent
la pierre évangélique
beurré alambiquée
sophistiquée sans queue
de parole prémonitoire.
/
Puis s’éveilla
peu à peu
la conscience
à rayures vives
d’écriture archaïque.
/
Un faisceau de javelots
aux entrailles du soleil
avec l’épée sanglante
entre les jambes
du sédentaire fatigué
à l’embrasement de l’œil
en perpétuelle érection.
/
Le soleil et la mer
en un concert inachevé
un flottement de
couleurs
et de rêves sans
balises.
/
Immobile paysage
où s’entrecroisent
des obliques
d’ombres figées
entrecoupées
de clartés transversales
la flamboyance abstraite
d’une géométrie close
en un mouvement fictif.
/
Encore le corps
à peau d’ombre
la corde
tendue/suspendue
l’œil et la cible
en secrètes connivences
avec le vent qui passe.
/
Vieux totem invisible
très tôt la voix qui
t’aime
triste chair intangible
tant je n’entends rien
hormis les ailes
méditatives
d’un oiseau qui s’est tu
le cri lové/fermé
à l’intérieur de l’œuf.
/
Un papillon explose
à l’embrasement de
l’oeuf
la coquille éclatée
aux couleurs de l’envie.
/
En purs battements
d’éternité brûlante
l’intensité du sang
supplice ou sacrifice
d’un nombril incendié
sans larme et sans
alarme.
/
La muette exubérance
en tourbillon de fleur
où le temps se dévoile
à vitesse de blessure.
/
La chair qui saigne encore
d’une lumière sans
écorce
le corps qui se débride
au déboulé du sexe.
/
Un violon sans archet
à l’en-allée de l’ombre
ma passion plus vivace
et ma folie violente
à l’élan d’une sirène.
/
Une oragerie de fougue
telle une épée de rage
un feu qui se recycle
au plus profond de toi
je me suis initié
aux mille ventouses
de ton ventre assoiffé.
/
La soif instrumentale
de l’oeil bavard
à profusion molle
de voyelles musicales
et de syllabes
impudiques
diluant la crampe
des sources cachées.
/
L’ankylose paresseuse
des chemins érotiques
où fermentent et
palpitent
les métaphores nocturnes
enchevêtrées violemment
de cris opaques
en explosion
d’odeurs sauvages.
/
À transversale de transe
et de douleur tue
le regard pétrifié de
silence
devant la blanche
architecture sensuelle
des arêtes lumineuses.
/
Bouger ne plus bouger
parler ne plus parler
toucher palper tâter
un mélange de fictions
aux limites du réel.
/
À chair violente
couleur crépusculaire
la meurtrière méditation
du temps qui bouge
aux ponctuations
des doigts fébriles
sur la rondeur des
seins.
/
Tel un devoir inachevé
le vent dévore le ventre
mamelle d’oiseau sans
ailes
pour la fructueuse
métamorphose nocturne.
/
Désir
incoercible de recher-cher à travers déblosailles la mère occulte l’indéchiffrable
chaos une impasse de terreur un espace d’épouvante une rimaille d’apocalypse un
babel d’escombruit où s’embrou-ssailla le temps gonflé d’opacité nocturne et le
pouvoir politique gorgé d’atrocités archaïques exaltant la danse hystérique
perpétuelle des puissances médiévales les stridences zinglindeuses des armées
agressives en tourbillon d’orages à odeurs de pétrole de café de cacao de
whisky de cocaïne de métaux en fusion de mitraille de pourritures et de sang.
/
Un
buissonement d’imaginaire à l’infini du songe macabre toute la mer en otage
quand s’effaça le désert calciné la chair pétrifiée aux arêtes du voyage à
l’envoûtement du piège millénaire un essaim d’ailes en fuite aux brûlures de la
langue spantufiée de silence la ferraille meurtrière détruisit totalement les
paysages urbains entrecroisés d’obliques incandescentes l’obscure marche des
oiseaux prédateurs à travers la charognerie cadavéreuse des fausses clartés
ténébreuses la trompeuse flamboyance des lumières closes un abîme de muqueuses
aveuglantes à l’entrebâillement du néant avalant la faille ovale du désir en
brassage de démence de folie d’or et de sexe sous l’incendie des masques en
vibration de corps décomposés à odeurs de pétrole de café de cacao de whisky de
cocaïne de mélasse de goudron de naphtaline de sperme de métaux en fusion de
mitraille de pourritures et de sang.
/
D’un infini
combat le gouverneur des ouragans mangea les fleurs sacrificielles tant de
plaies colorées sur la chair manuscrite des vives douleurs manuelles par la
cause du sarcome des sacs osés de nuit verbale le long fleuve du songe atroce
enfoui sous le pouvoir occulte minant la gauche essoufflée rongeant la gauche
épuisée brisée déconstombrant la gauche bâtarde dénerflée abattue anéantie
entre les jambes royales ornées de pure laine érotique la parole en ivresse au
parfum d’une giboune opulente.
/
de La esfinge en fuego de enigma.
Espiral poética (2009)
La grasa bíblica
brilló de oro y plata
la piedra evangélica
curada alambicada
sofisticada sin rabo
de palabra premonitoria.
/
Luego despertó
poco a poco
la consciencia
a rayas vivas
de escritura arcaica.
/
Un haz de jabalinas
en las entrañas del sol
con la espada sangrante
entre las piernas
del sedentario cansado
en el ardimiento del ojo
en perpetua erección.
/
El sol y la mar
en un concierto inacabado
flotación de colores
y de sueños sin balizas.
/
Inmóvil paisaje
donde se entrecruzan
oblicuas
sombras fijas
entrecortadas
por claridades transversales
la flamancia abstracta
de una geometría cerrada
en un movimiento ficticio.
/
Aún el cuerpo
con piel de sombra
la cuerda tensa/suspendida
el ojo y la diana
en secretas connivencias
con el viento que pasa.
/
Viejo tótem invisible
muy pronto la voz que te ama
triste carne intangible
tanta es mi sordera
fuera de las alas meditativas
de un pájaro que calló
el grito acurrucado/cerrado
al interior del huevo.
/
Una mariposa explota
en el ardimiento del huevo
la cáscara estallada
con los colores del deseo.
/
En puros latidos
de eternidad quemante
la intensidad de la sangre
suplicio o sacrificio
de un ombligo incendiado
sin lágrima ni alarma.
/
La muda exuberancia
en remolino de flor
donde el tiempo se revela
con rapidez de herida.
/
La carne que aún sangra
una luz sin corteza
el cuerpo que desembrida
al arranque del sexo.
/
Un violín sin arco
en la partida de la sombra
mi pasión más vivaz
y mi locura violenta
con impulso de sirena.
/
Una tormentera de furor
tal una espada de rabia
un fuego reciclándose
en lo más profundo de ti
yo me inicié
en las mil ventosas
de tu vientre sediento.
/
La sed instrumental
del ojo charlatán
en profusión blanda
de vocales músicas
y de sílabas impúdicas
diluyendo el calambre
de las fuentes ocultas.
/
La anquilosis perezosa
de los caminos eróticos
donde fermentan y palpitan
las metáforas nocturnas
violentamente enredadas
con gritos opacos
en explosión
de olores salvajes.
/
En transversal de trance
y de dolor callado
la mirada petrificada de silencio
ante la blanca
arquitectura sensual
de las espinas luminosas.
/
Moverse ya no moverse
hablar ya no hablar
tocar palpar tentar
una mezcla de ficciones
en los límites de lo real.
/
En carne violenta
color crepuscular
la asesina meditación
del tiempo que corre
en las puntuaciones
de los dedos febriles
sobre la redondez de los senos.
/
Como una tarea inacabada
el viento devora el vientre
mama de pájaro sin alas
para la fructífera
metamorfosis nocturna.
/
Deseo incoercible de buscar a través de explosiones a la madre oculta el
indescifrable caos un barranco de terror un espacio de espanto una rimeja de
apocalipsis una babel de escombruido en que se enredó el tiempo hinchado de
opacidad nocturna y el poder político atiborrado de atrocidades arcaicas exaltando
la danza histérica perpetua de las potencias medievales las estridencias
zinglinderas de los ejércitos agresivos en torbellino de tormentas con olor a
petróleo a café a cacao a whisky a cocaína a metales en fusión a metralla a pudriciones
y a sangre.
/
Un matorral de imaginario en el infinito del sueño macabro todo el mar de
rehén cuando se borró el desierto calcinado la carne petrificada en las espinas
del viaje en el embrujo de la trampa milenaria un en-jambre de alas en fuga por
las quemaduras de la lengua aterrada de silencio la chatarra asesina destruyó
totalmente los paisajes urbanos entrecruzados de sesgos incandescentes la
oscura marcha de los pájaros predadores a través de la carnicería cadavérica de
las falsas claridades tenebrosas la engañosa flamancia de las luces cerradas un
abismo de mucosas cegadoras en la abertura de la nada tragando la falla oval
del deseo en mezcla de demencia locura oro y sexo bajo el incendio de las
máscaras en vibración de cuerpos descompuestos con olor a petróleo a café a cacao
a whisky a cocaína a melaza a alquitrán a naftalina a semen a metales en fusión
a metralla a pudriciones y a sangre.
/
De un
infinito combate el gobernador de los huracanes comió las flores sacrificiales
tantas llagas coloreadas sobre la carne manuscrita de los vivos dolores
manuales a causa del sarcoma de los sacos atrevidos de noche verbal el largo
río del sueño atroz enterrado bajo el poder oculto minando la izquierda
jadeante royendo la izquierda agotada
quebrada destruyendo la izquierda bastarda desnervada abatida aniquilada entre
las piernas reales adornadas de pura lana erótica la palabra ebria en el
perfume de una giboune opulenta.
/
en La terre le feu l’eau et les
vents. Une anthologie de la poésie du Tout-Monde (2010)
Port-au-Prince s’enfournoyait sous des tonnes de falcatrailles, en avalant
son quota d’immondices boueuses dans l’inflation des catastrophes irréparables.
●
MYTHOLOGIE
La rébellion ineffable.
BOIS CAïMAN!
Magie d’aimantation stupéfiante à faire bouger la pesanteur paralysante et
l’étau de la peur, en détruisant la table des tabous, en cassant les diktats de
l’Histoire aux frontières des défis impossibles.
BOIS CAïMAN!
Une nuit d’août 1791, Boukman, houngan, guerrier, metteur en scène dans un
théâtre mythique/mystique/héro-ïque/légendaire.
Le corps raconté.
L’art de rassembler.
Fondamentalement,
il faudrait dresser un bilan plus ou moins exhaustif de tout ce que nous avons
engrangé dans notre conscience douloureuse de victime et que nous avons ensuite
intériorisé dans notre inconscient collectif, pour opérer un tri rationnel, une
sélection rigoureusement lucide, en marge de tout apriorisme et de tout
préjugé, au niveau des divers ingrédients culturels amalgamés anarchiquement
dans l’édification spontanée de notre personnalité de peuple traumatisé par
l’esclavage, le colonialisme, l’irresponsabilité de nos élites, l’obscurantisme
des dirigeants, une kyrielle de ratages ponctuant le calvaire répétitif de nos
échecs et de nos avortements.
D’abord
immense le silence rythmant progressivement la subtile et laborieuse émergence
de l’être hors des ténèbres de proie. Regards croisés. Paroles debout. Éclats
de gestes rebelles. Jeu d’éclairs. Feu des machettes. Élan des catchoupines
tranchant d’un seul coup cordes et chaînes, torons et lianeries d’un coma
séculaire. Effilochage des broderies suspensives de la mort. Ombres et clartés
en éboulement de nuages, en chavirement d’averses, en opéra d’orages. Mise en
scène pour un refus total/collectif/exclamatoire/déclamatoire. Conjugaison
vocale primitive chaotique.
Boumba hé!
Kanga bafiyoté!
Kanga mounédélé!
Kanga dokila!
Le drame
d’être voué
à la souffrance.
Les Pauvres
ne vont pas au Paradis.
…
D’un geste imperceptible,
la lumière
s’est
éteinte et le désir s’est tu.
en La
tierra el fuego el agua y los vientos. Una antología de la poesía del
Todo-Mundo (2010)
Bajo toneladas de barcazas, Puerto Príncipe se incrustahogaba tragando su
cuota de inmundicias barrosas en la inflación de las catástrofes irreparables.
●
MITOLOGÍA
La rebelión inefable.
SELVA
CAIMÁN! Magia de imantación asombrosa que remueve la pesantez paralizante y el
tornillo del miedo, destruyendo la mesa de los tabús, rompiendo las
imposiciones de la Historia
en las fronteras de los desafíos imposibles.
SELVA
CAIMÁN! Una noche de agosto de 1791, Boukman, hungán, guerrero, director en un
teatro mítico/místico/heroico/legendario.
El cuerpo contado.
El arte de reunir.
Fundamentalmente,
habría que hacer un balance más o menos exhaustivo de todo lo que hemos
almacenado en nuestra conciencia dolorosa de víctima y que luego interiorizamos
en nuestro inconsciente colectivo, para operar un filtro racional, una
selección rigurosamente lúcida, al margen de todo a priori y de todo prejuicio,
a nivel de los diversos ingredientes culturales amalgamados anárquicamente en
la edificación espontánea de nuestra
personalidad de pueblo traumatizado por la esclavitud, el colonialismo,
la irresponsabilidad de nuestras élites, el oscurantismo de los dirigentes, una
sarta de fracasos puntuando el calvario repetitivo de nuestras derrotas y
nuestros abortos.
Lo primero,
inmenso el silencio ritmando progresivamente la sutil y laboriosa emergencia
del ser fuera de las tinieblas de rapiña. Miradas cruzadas. Palabras de pie.
Destellos de gestos rebeldes. Juego de relámpagos. Fuego de los machetes.
Impulso de los catchoupines cortando
de un solo golpe cuerdas y cadenas, sogas y enredaderas de un coma secular.
Deshiladura de los bordados suspensivos de la muerte. Sombras y claridades en
derrumbe de nubes, en vuelco de aguaceros, en ópera de tormentas. Puesta en
escena para un rechazo total/colectivo/exclamatorio/declamatorio. Conjugación
vocal primitiva caótica.
Bumba hé!
Kanga bafiyoté!
Kanga munédélé!
Kanga dokila!
El drama
de estar destinado
al sufrimiento.
Los Pobres
no van al Paraíso.
…
Con un gesto
imperceptible, la luz
se
apagó y el deseo se calló.
Édouard Glissant
Nace en 1928 en Bezaudin, Martinica. Algunos de sus libros son: –poesía– Un champ d’îles (1953), Les Indes (1956), Le sel noir (1960), Pays rêvé, pays réel (1985), –novelas– La Lézarde (1958), Malemort (1975), Tout-Monde (1993), –ensayos– Soleil de la conscience (1956), L’intention poétique (1969), Le Discours antillais (1981), Poétique de la Relation (1990), Faulkner, Mississipi (1996), la obra de teatro Monsieur Toussaint (1961), las entrevistas con la escritora quebequense Lise Gauvin recogidas en L'imaginaire des langues (1991-2009), y su ‘antología de la poesía del Todo-Mundo’, La terre le feu l’eau et les vents (2010). En 1960 firma el Manifiesto de los 121, Declaración sobre el derecho a la insumisión en la guerra de Argelia, y en 1961 fue cofundador del Frente antillano-guyanés por la autonomía, disuelto ese mismo año por el gral. de Gaulle. Esto le significó ser expulsado a Francia durante cuatro años. En los 80 fue director del Correo de la Unesco y más tarde profesor en las universidades de Luisiana y de la Ciudad de Nueva York. En 2007 funda el Institut du Tout-Monde. Muere en París cuatro años después.
de Le sang rivé
(1947-1954)
à toute géographie torturée
Non pas l’oeuvre tendue, sourde, monotone autant que la mer qu’on sculpte sans fin — mais des éclats, accordés à l’effervescence de la terre — et qui ouvrent au coeur, par-dessus le souci et les affres, une stridence de plages — toujours démis, toujours repris, et hors d’achèvement — non des œuvres mais la matière elle-même dans quoi l’ouvrage chemine — tous, liés à quelque projet qui bientôt les rejeta — premiers cris, rumeurs naïves, formes lassées — témoins, incommodes pourtant, de ce projet — qui, de se rencontrer imparfaits se trouvent solidaires parfaitement — et peuvent ici convaincre de s’arrêter à l’incertain — cela qui tremble, vacille et sans cesse devient — comme une terre qu’on ravage — épars.
Saison unique
LES YEUX
Les flambeaux s’accusaient de la couleur noir étang de la nuit
Nos mains solubles nos airs de rapine boiseuse la paille flambée de nos yeux!
Mers, mon silence à travers vous patiemment renaît
À travers vous orées à travers vous la boue
Et la conjonction du gel et du dégel.
Autrefois autrefois
Ah! mémoire rocailleuse insurge-toi en taillis.
Chaque buisson de mémoire cache un tireur.
Sur nos têtes le battement du moulin
Dans nos nuits toussent les boucans
L’homme a beau faire le cri prend racines.
NOVEMBRE
Et la rame est de terre dans l’attente du pays neuf Océanie l’amour de toi est un mouchoir au haut d’un mât Océanie l’amour de toi un cocotier de brume dans ta présence Océanie dans ton ombre de cathédrale vouée à l’inculte et j’apprivoise l’écume de tes robes l’Asie et l’Europe dans nos enfances l’Asie est un polypier qui s’habite et se ronge entre ciel et bataille et l’Europe lui est ce champ de clous. Ne plus entendre le rouissement des papillons sauvages du jour dru. De plus en plus féroces les élections d’assassins dans la belle pluie cancéreuse. Ô la plus belle où entasser nos peaux la plus belle ô doigts de lianes des brousses dans la clarine du désert, Afrique. La dernière mission fut d’égarer le mot dans la surdité foisonnante Tropique brûlée. Comme une addition de fruits ivres de souvenance dans le muet désir des bananiers.
LECTURE SAUVAGE
Du côté des mornes soudain c’est l’étendue qui pousse sa charrette dans l’éblouissement
Au moulin des usines ma pauvreté sourit des pouvoirs de la terre
Dans les cicatrices des cannes dans les tibias noirs toujours
L’eau tant de fois clamée rougit de l’attouchement de ma voix
Resurgi voici du fond coléreux des embrassades mon bond dans le piétinement
 même les hougans feuillus de la patience
ah je n’en veux pour preuve que le dernier voyage de ma lassitude entre les feuilles sèches de la mousson
la floraison des îles la géographie mousseuse des îles sur les mers éventrées
nos cantiques nos fronts barrés de sources nos pieds bourrés d’orages
Coupe coupe ton long geste d’aurore où les oiseaux cherchent en vain à se nicher
Entre les mailles du tam-tam malgré moi chavire la terre
Du côté des vents en balafre la pesée des épaules dans l’étincellement
les nuits d’embauche pour la nuit.
ROCHE
Écume pluie tête clamée battements d’eau pluie
ô livraison de mes visages l’enlacement clarteux la jonction noueuse de ces deux fleuves l’avant-première de la tempête
je roule calloge l’eau la vague l’écume je me lave roche moi roche la mer paresse dans mes golfes la mer inonde ma présence
écume le paysage vire une concentration germe la ligne de l’horizon passe au lieu primordial de ma joie les arbres me dédient l’envolée sèche de leurs feuilles
la boue des ravines vers ma pureté coule sa patiente rumination un quai
doucement pourrit sa paix limoneuse
Et mes sens réunis ma peaux granuleuse j’exhale
ma maison ma solitude Taoulo ma voix
fouette écrase Taoulo siffle
et la terre du fond coléreux de sa matrice vers moi soulève ses éblouissements
l’air enrubannée de pluie m’envahit ô la camisole de force de l’air
Taoulo hèle et le temps près de moi dépose ses écharpes de jaunissure
et le temps rafle l’invisible vitesse
désoeuvrement pourrissant d’un mangot sur la roche.
TRAIN LENT
Parole que j’avais nourrie du feu que l’on prépare avec de la chair d’homme et de lianes de forêt brousse
de brousse qui pousse dans les chairs exposées au soleil des clairières voici
j’ai ouvert la gousse enflammée du louvre y guettant mes prunelles d’orang glacé
La terre c’est quand les paons entre les boas les ronces géantes n’osent plus faire la roue
à force de penser terre j’éclate la terre c’est quand vous ramassez les cervelles éclaboussées dans la poubelle de l’océan nouveau
les fleuves imaginent des jeux où mes veines tiennent lieu de marelle d’eau douce pour la fontaine à tarir
je me sens moi l’enfant dans la mangeoire du bruit terrestre voué aux rapines aux solitudes
la mer taille une amitié où je couche ma joie, parole
qui ravale la neige des rues comme armure de négrier
Ils nous ont donné des amphores dans le cœur gelé de ce dernier jour nous avons dormi dans les trombes les lunes dormi dans la nue
Ils nous ont taillés nous poussant des tétanos dans la broussaille des pores
Bien entendu les canaux étaient secs l’auvergne barbe de la pluie se fondait au désespoir
tremble maison saumure de diamant brut
dans la cage endormi
poisson
L'ARBRE GRAND ARBRE
Tes feuilles le relent des désirs des fenaisons aveugles des bras de mer
Tes feuilles de plaie du Mogen Âge dans le souvenir de mes splendeurs
tes branches d'épaules de femme labourée sur la soif des herbes coupantes
arbre recommencé ton corps j'ai détaché de ton corps la carapace de mes clartés
ton tronc d'épailles renouvelées
ton tronc de lumière dans le champ noir des fleuris-nuit
ton tronc de racine qui a pris tronc et la merveille le lit de l'escargot roulant
ta gerbe tes racines le feu glacé de tes racines et les masses d'hommes agrippés aux mamelles de tes douleurs
la souffrance comme un hiver aux sources des profondeurs.
FUMEE NOIRE
Folle folle des yeux sans pain, fleuri le cri du merle dans son ombre de sureau
(c’est la quatrième étoile à gauche en venant par le coup d’oeil du maître)
comme une rue d’émail gravée dans la cataracte vertigineuse des totems.
Laves
ELEMENTS
Soleils éteints dans les cheveux du vrai soleil ! Je retrouverai une santé de fruits en flammes.
Voici les affiches noueuses, sur les arbres, nourries de feuilles. De chair, les animaux me sont amis. Les fleuves passent à travers moi vers la transparence des terres me voilà
Dans cette rosée à l’infini que les jeunes filles tissent sur leur visage pour annoncer l’amour Dans cette rumeur que les boucaniers trament sur les clairières Dans ce foisonnement de soleils que distribue l’arrosoir des arbres C’est moi la rivière la roche impassible et dans son sein l’ardeur de la terre
La foudre la main qui caresse l’éclair la main qui offre c’est nous J’ai tenu dans mes doigts le poil hirsute des nuits Je ne dors plus la tête à la pointe des lances Je ne vis plus aux cayes près de caïmans laveurs d’eau fraîche J’étudie le sable et le ciel est contre moi, ses yeux glauques Les ombres me sont hostiles Rien moins qu’une splendeur La fonte des eaux et l’aride hennissement des algues.
*
Vous, qui avez noué la sarabande et le vertige des forêts. À goulées franches dans ta forêt d’astres tu dresses le bûcher des nuits Dans ta forêt les orgues (ma vie inconnue) des feux de salve du jour. À goulées pleines, la terre surgie imminente, par-delà les eaux respirables du poème tu joues le soleil, tu gagnes. Dormir au fleuve bêcher le silence Laisse tes mains dans les buissons atlantiques Entre les mornes que juillet soudainement éclate ô liberté des larmes dans la terre parmi les arbres réconciliés Et par le cran d’arrêt de la logique suspendue.
*
C’est un pays qui bat des hanches contre l’aveuglement Races races flèches des cannes sagaies Je neige et gèle sous le tambourin des baobabs
C’est que d’autres écrivent
En étoiles capitales
je le sens qui rumine sa floraison doucement étale entre mes bras ses boussoles multipliées. Les oiseaux flèchent vers la soif écrasée des volcans. Tel qui coud le silence de fil blanc n’a droit au tournoi ivre. Je dis que la poésie est chair.
*
Et aussi, râpant de son unique dent (d’orage de sang de larme) la grand’lèche de l’acceptation. Une mâchoire de sables de déserts de brousse, que l’autre soit d’astres de pollens : qu’il y jette les étoiles les cous brisés le fouet le maître qui sépulcre et les cannes qui sifflent l’attente et la douleur et le sang, sa poésie et son boucan de poésie. Comme, parfilant d’inouïs étages tropicaux, la noire brèche sous le vent. Écoute,
accoudé au silence,
les barrissements.
Il y a une rosée de galères dans les prairies de sel marin Dans la sève l’étincellement J’ai décanté l’eau verte l’eau rouge, récolté assassins les cannes et les couis À boire Le soileil est une lanterne visée abattue Splendeurs, voyageurs de l’écume !
Ma maison tressée en défi vers la foudre, de joncs échappés des hougans d’octobre, ma maison ma maison de cristal marin longue muraille d’Amérique. Le rebelle mis à l’index pour enseigner aux enfants qu’il n’y a qu’un doigt dans la main. Je brasse la fougère des vagues. Mon réveil est de chien traînant sa niche sous les ponts.
L’errance prise au piège, désuète
quand quand et quand les cloches
décharnées de l’inaudible ?
*
Or je suis dans l’histoire jusqu’à la moindre moelle. Séculairement installé : en ce midi que je disais fort comme l’ignorance : elle roule en moi ses graviers. J’attends, mangeaison du poème, les roses Oui
je suis morcellement
dans la musique
nocturne.
Homme coolie-marin mer-mousse Ah la rosée de mes cheveux que tu as crus une poussée de coraux morves Non pas voix mais rumeur Forée bâtie Les nègres
non pas tués incinérés décapités mais lynchés Je circule dans les houilles Ma force plaquée aux forces ! Des amuseurs, et voici qu’ils se lèvent. Un beau scandale. Au nom ici du démarquage poétique, pour témoigner d’une splendeur morale. Je m’oblige à saluer : l’homme, ce lumineux désir de chant. Vocatif, trop.
*
La forêt subitement hurle à la vie. Les étoiles, rôdeuses, envahissent les écluses. Vivante ô vivante, reine. Tes pieds vont le chemin, manguiers abandonnés. Ta peau retournée est un labour rouge. Vivante,
ô vivante mon matin de prairie toi ma nuit de prairie violée au combat des taureaux. Tu as glissé dans l’eau les halètements de ta silhouette coupée de verre. Au gué la plage noire le sable noir des caresses. Dans l’astre bel astre de tes mains. Tranquille battue d’aurores dans la nef incendiée de tes rêves, et ta voix de splendeur clamée, d’ivraie mêlée à l’ivraie : je suspends l’orage au reposoir de tes lèvres.
Ah soudain
la peur d’être deux
dans la beauté.
L’éclair de toi la chevelure des neiges l’éclair de toi air et amour entrelacés. Toi serpente et labourée. Moi, écume de tes pas.
*
Ainsi je fus, colonie d’enfants martyrs de chiens trouvés de squales non convertis. Ô la souffrance, ce battement du vent dans les rues. La pauvreté est ignorance de la terre, l’imaginé est passion.
Mais nul crépitement, nul soleil, depuis que la seule bouche ouverte de l’homme attend. Passons à d’autres continents.
Pierre vibrée
Homme saccagé vif, labour
Orage maculé ô
pour toi je suis sang, merveilleux calice. Racines, racines, je n’en finirai pas de tirer sur vos mamelles fécondes.
Le feu choisit cette vague que je croyais la dernière pour me cerner à son tour.
de Poétique de la Relation (1990)
LA BARQUE
OUVERTE
Ce qui
pétrifie, dans l’expérience du déportement des Africains vers les Amériques
[La Traite passe par la porte étroite du bateau négrier, dont le sillage
imite la reptation de la caravane dans le désert. Sa figure se présenterait de
la sorte:
À l’est, les pays africains, à l’ouest les terres américaines. Cette bête est à l’image d’une fibrille.
Les langues africaines se déterritorialisent, pour contribuer à la
créolisation en Ouest. C’est l’affrontement le plus totalement connu entre les
puissances de l’écrit et les élans de l’oralité. Sur le bateau négrier, le seul
écrit est du livre de comptes, qui porte sur la valeur d’échange des esclaves.
Dans l’espace du bateau, le cri des déportés est étouffé, comme il le sera dans
l’univers des Plantations. Cet affrontement retenti jusqu’à nous.]
,
sans doute est-ce l’inconnu, affronté sans préparation ni défi.
La première
ténèbre fut de l’arrachement au pays quotidien, aux dieux protecteurs, à la
communauté tutélaire. Mais cela n’est rien encore. L’exil se supporte, même
quand il foudroie. La deuxième nuit fut de tortures, de la dégénérescence
d’être, provenue de tant d’incroyables géhennes. Supposez deux cents personnes
entassées dans un espace qui à peine en eût pu contenir le tiers. Supposez le
vomi, les chairs à vif, les poux en sarabande,
les morts affalés, les agonisants croupis. Supposez, si vous le pouvez,
l’ivresse rouge des montées sur le pont, la rampe à gravir, le soleil noir sur
l’horizon, le vertige, cet éblouissement du ciel plaqué sur les vagues. Vingt,
trente millions, déportés pendant deux siècles et plus. L’usure, plus
sempiternelle qu’une apocalypse. Mais cela n’est rien encore.
Le
terrifiant est du gouffre, trois fois noué à l’inconnu. Une fois donc,
inaugurale, quand tu tombes dans le ventre de la barque. Une barque, selon ta
poétique, n’a pas de ventre, une barque n’engloutit pas, ne dévore pas, une
barque se dirige à plein ciel. Le ventre de cette barque-ci te dissout, te précipite
dans un non-monde où tu cries. Cette barque est une matrice, le
gouffre-matrice. Génératrice de ta clameur. Productrice aussi de toute
unanimité à venir. Car si tu es seul dans cette souffrance, tu partages
l’inconnu avec quelques-uns, que tu ne connais pas encore. Cette barque est ta
matrice, un moule, qui t’expulse pourtant. Enceinte d’autant de morts que de
vivants en sursis.
Aussi le
deuxième gouffre est-il de l’abîme marin. Quand les régates donnent chasse au
négrier, le plus simple est d’alléger la barque en jetant par-dessus bord la
cargaison, lestée de boulets. Ce sont les signes de piste sous-marine, de la
Côte d’Or aux îles Sous-le-Vent. Ainsi toute navigation sur la splendeur verte
d’océan — la mélancolie des traversées transatlantiques, la gloire des régates
sportives, la tradition des courses de yoles ou de gommiers — suggère-t-elle,
avec une évidence d’algues, ces bas-fonds, ces profonds, ponctués de boulets qui
rouillent à peine. Le gouffre est de vrai une tautologie, tout l’océan, toute
la mer à la fin doucement affalée aux plaisirs du sable, sont un énorme
commencement seulement rythmé de ces boulets verdis.
Mais, pour
que ces rivages prennent corps, et avant qu’ils soient envisageables, pas même
encore visibles, quelles souffrances d’inconnu ! La face la plus médusante
du gouffre, c’est bien, loin en avant de la proue du négrier, cette rumeur pâle
dont on ne sait si elle est nuage de tempêtes, pluie ou bruine, ou fumée d’un
feu rassurant. Des deux côtés de la barque ont disparu les rivages du fleuve.
Quel est donc ce fleuve qui n’a pas de mitan? Est-il seulement un
en-avant ? Cette barque ne vogue-t-elle pas en éternité aux limites d’un
non-monde, fréquenté de nul Ancêtre ?
Le troisième
avatar du gouffre projette ainsi à la parallèle de la masse d’eau l’image
renversée de tout cela qui a été abandonné, qui ne se retrouvera pour des
générations que dans les savanes bleues du souvenir ou de l’imaginaire, de plus
en plus élimés.
Cette ascèse
d’ainsi traverser la terre-mer qu’on ne sait pas être la planète-terre, sentant
s’évanouir non seulement l’usage des mots, et non seulement la parole des
dieux, mais l’image close de l’objet le plus quotidien, de l’animal le plus
familier. Le goût évanescent du manger, l’odeur traquée de la terre ocre et des
savanes.
« Je te
salue, Vieil Océan ! » Tu préserves sut tes crêtes le sourd bateau de
nos naissances, tes abîmes sont notre inconscient même, labourés de fugitives
mémoires. Puis tu dessines ces nouveaux rivages, nous y crochons nos plaies
striées de goudron, nous bouches rougies et nos clameurs tues.
L’expérience
du gouffre est au gouffre et hors de lui. Tourment de ceux qui ne sont jamais
sortis du gouffre : passés directement du ventre du négrier au ventre
violet des fonds de mer. Mais leur épreuve ne fut pas morte, elle s’est
vivifiée dans ce continu-discontinu : la panique des pays nouveau, la
hantise du pays d’avant, l’alliance enfin avec la terre imposée, soufferte,
rédimée. La mémoire non sue de l’abîme a servi de limon pour ces métamorphoses.
Les peuples qui se constituèrent alors, quand même ils auraient oublié le
gouffre, quand même ils ne sauraient imaginer la passion de ceux qui y
sombrèrent, n’en ont pas moins tissé une voile (un voile) avec quoi, ne
revenant pas à la Terre-d’Avant, ils se sont élevés sur cette terre-ci,
soudaine et stupéfaite. Ils y ont rencontré les premiers occupants, eux aussi
déportés para un immobile saccage. Ou bien n’ont-ils flairé que leur trace
dévastée. Terre d’au-delà devenue terre en soi. Et cette voile insoupçonnée,
qui à la fin se déploie, est irriguée du vent blanc du gouffre. Et ainsi
l’inconnu-absolu, qui était la projection du gouffre, et qui portait en
éternité le gouffre-matrice et le gouffre en abîme, à la fin este devenu
connaissance.
Non pas
seulement connaissance particulière, appétit, souffrance et jouissance d’un
peuple particulier, non pas cela seulement, mais la connaissance du Tout, qui
grandit de la fréquentation du gouffre et qui dans le Tout libère le savoir de
la Relation.
De même que
l’arrachement primordial ne s’accentuait d’aucun défi, ainsi la prescience et
le vécu de la Relation ne se mêlent-ils d’aucune jactance. Les peuples qui ont
fréquenté le gouffre ne se vantent pas d’être élus. Ils ne croient pas enfanter
la puissance des modernités. Ils vivent la Relation, qu’ils défrichent, à
mesure que l’oubli du gouffre leur vient et qu’aussi bien leur mémoire se
renforce.
Car si cette
expérience a fait de toi, victime originelle flottant aux abysses de mer, une
exception, elle s’est rendue commune pour faire de nous, les descendants, un peuple
parmi d’autres. Les peuples ne vivent pas d’exception. La Relation n’est pas
d’étrangetés, mais de connaissance partagée. Nous pouvons dire maintenant que
cette expérience du gouffre est la chose le mieux échangée.
Pour nous,
pour nous sans exception, et quand même nous maintiendrions l’écart, le gouffre
est aussi projection, et perspective d’inconnu. Par-delà son abîme, nous jouons
sur l’inconnu. Nous prenons parti pour ce jeu du monde, pour les Indes
renouvelées vers lesquelles nous hélons, pour cette Relation de tempêtes et de
calmes profonds où honorer nos barques.
C’est cela
qui nous tient en poésie. Quand bien même nous consentons à toute irrécusable
technologie, quand même nous concevons le bond des politiques à concerter,
l’horreur à vaincre des famines et des ignorances, des tortures et des
massacres, et le plein du savoir à apprivoiser, le poids de chaque machinerie
qu’à la fin nous contrôlerons, et la fulguration usante des passages d’une ère
à l’autre, de la forêt à la ville, du conte à l’ordinateur — il y a en proue,
et désormais commune, cette rumeur encore, nuage ou pluie ou fumée tranquille.
Nous nous connaissons en foule, dans l’inconnu qui ne terrifie pas. Nous crions
le cri de poésie. Nos barques sont ouvertes, pour tous nous les naviguons.
de La terre le feu l’eau et les vents. Une anthologie de la poésie du Tout-Monde (2010)
D’UN TRAITÉ DU TOUT-MONDE
Je dévale les espaces et les temps, les fleuves de Chine au silence étale, qui s’étendent en archipels et débordent sur les terres, engouffrant à chaque fois des dizaines de milliers d’hommes et de femmes et d’enfants dans leurs inondations rituelles, je consulte les calendriers du Ciel qui présidaient aux destinées de l’Empire, et les caches de brousse et la chaîne des Ancêtres des pays africains, les savanes énergiques sous leurs herbes terrées de feu et les contes des griots mêlés d’une sagesse qui s’élève en arbre ombrageant, les délicats détails des mythologies de l’Inde avec leurs marbres verts et leurs accouplements de gymnastes, les temples pillés des sommets des Andes et la parole détournée des Vents des mots d’avant Colomb, les chroniques des cents royaumes du temps féodal au Japon, les proverbes en raccourci des pays malgache et océaniens (de l’océan Indien) et antillais, les splendeurs du désert et de la rhétorique antéislamique, et les drapures de leurs poétesses, mi-esclaves mi-déesses, le baroque raide et tout-douce des langues créoles, les contes hachurés des plats pays et des monts tourmentés islandais, et combien de florilèges (styles fleuris) déclamés dans combien d’îles, et les racines de pierre soulevant des dieux dont l’œil envahit partout, c’est dans les gorges bourrées d’eau de
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de La sangre atada
(1947-1954)
a toda geografía torturada
No la obra tensa, sorda, tan monótona como el mar que esculpimos sin fin — sino destellos, acordes a la efervescencia de la tierra — y que abren en el corazón, por sobre la inquietud y la angustia, un estruendo de playas — siempre dislocados, siempre retomados e inacabables — no obras sino la materia misma en que la labor abre caminos — todos, ligados a algún proyecto que pronto los rechazó — primeros gritos, rumores ingenuos, formas cansadas — testigos, aunque incómodos, de este proyecto — que por encontrarse imperfectos se hallan solidarios perfectamente — y aquí pueden convencer de parar a lo incierto — lo que tiembla, vacila y sin cesar se vuelve — como una tierra que asolan — disperso.
Estación única
LOS OJOS
Las antorchas se acusaban del color negro aljibe de la noche
Nuestras manos solubles nuestros aires de rapiña boscosa la paja ardida de nuestros ojos!
Mares, mi silencio a través de ustedes pacientemente renace
A través de ustedes orillas a través de ustedes el barro
Y la conjunción del hielo y el deshielo.
Otrora otrora
Ah! memoria pedernal rebélate en boscaje.
Cada matorral de memoria oculta un tirador.
Sobre nuestras cabezas los golpes del molino
En nuestras noches tosen las teas
Nada que hacer el hombre el grito echa raíces.
NOVIEMBRE
Y la rama es de tierra a la espera del país nuevo Oceanía el amor tuyo es un pañuelo en lo alto de un mástil Oceanía el amor tuyo un cocotero de bruma en tu presencia Oceanía en tu sombra de catedral consagrada a lo inculto y yo amanso la espuma de tus vestidos Asia y Europa en nuestras infancias Asia es un polipero que se habita y se roe entre cielo y batalla y Europa le es este campo de clavos. Ya no escuchar la maceración de las mariposas salvajes del día tupido. Cada vez más feroces las elecciones de asesinos en la hermosa lluvia cancerosa. Oh la más bella donde amontonar nuestras pieles la más bella oh dedos de bejuco de las sabanas en el cencerro del desierto, África. La última misión fue extraviar la palabra en la sordera abundante Trópico(a) quemada. Como una suma de frutas ebrias de remembranza en el mudo deseo de los plátanos.
LECTURA SALVAJE
Del lado de los cerros de repente es la extensión que empuja su carreta en el deslumbre
En el molino de las fábricas mi pobreza se ríe de los poderes de la tierra
En las cicatrices de las cañas en las tibias siempre negras
El agua tantas veces clamada enrojece al roce de mi voz
Resurgido aquí del fondo colérico de los besos mi salto sobre el pisoteo.
Junto a los hunganes frondosos de la paciencia
ah no quiero otra prueba que el último viaje de mi cansancio entre las hojas secas del monzón
la floración de las islas la geografía espumosa de las islas sobre los mares destripados
nuestros cánticos nuestras frentes cercadas de veneros nuestros pies rellenos de temporales
Corta corta tu largo gesto de aurora donde en vano los pájaros buscan anidar
Entre los eslabones del tam-tam zozobra a mi pesar la tierra
Del lado de la cuchillada de los vientos el peso de los hombros en el destello
las noches trabajando para la noche.
ROCA
Espuma lluvia cabeza clamada golpes de agua lluvia
oh entrega de mis rostros el enlace radiante el empalme nudoso de estos dos ríos el preestreno de la tempestad
ruedo jaula el agua la ola la espuma me lavo roca yo roca el mar vaga en mis golfos el mar inunda mi presencia
espuma el paisaje vira una concentración germina la línea del horizonte pasa al lugar primordial de mi alegría los árboles me dedican el vuelo seco de sus hojas
el barro de los barrancos hacia mi pureza chorrea su paciente rumiación un muelle
suavemente se pudre su paz cenagosa
Y mis sentidos reunidos mi piel granulosa exhalo
mi casa mi soledad Taulo mi voz
azota aplasta Taulo silba
y del fondo colérico de su matriz la tierra levanta hacia mí sus deslumbres
el aire encintado de lluvia me invade oh la camisa de fuerza del aire
Taulo vocea y el tiempo deposita junto a mí sus bufandas amarillas
y el tiempo saquea la invisible velocidad
ocio pudriéndose de un mango sobre la roca.
TREN LENTO
Palabra que yo había alimentado del fuego que se hace con la carne de hombre y los bejucos de bosque-sabana
de maleza que crece en las carnes expuestas al sol de estos claros
abrí la vaina encendida del louvre al acecho de mis pupilas de orangután congelado
La tierra es cuando los pavos reales entre las boas las zarzas gigantes ya no se atreven a hacer la rueda
a fuerza de pensar tierra estallo la tierra es cuando ustedes recogen los cerebros salpicados en la basura del océano nuevo
los ríos imaginan juegos en que mis venas hacen de rayuela de agua dulce para la fuente a secar
yo mismo me siento el niño en el pesebre del ruido terrestre consagrado a las rapiñas a las soledades
el mar talla una amistad donde acuesto mi alegría, palabra
que traga la nieve de las calles como armadura de negrero
Ellos nos dieron ánforas en el corazón congelado de este último día dormimos en las trombas las lunas dormimos en la nube
Nos tallaron brotándonos tétanos en la maleza de los poros
Por supuesto los canales estaban secos la auvergne barba de la lluvia se fundía al desespero
tiembla casa salmuera de diamante bruto
en la jaula dormido
pez
EL ÁRBOL GRAN ÁRBOL
Tus hojas el hedor de los deseos de las siegas ciegas de los brazos de mar
Tus hojas de llaga de
tus ramas de hombros de mujer labrada sobre la sed de las yerbas cortantes
árbol recomenzado tu cuerpo yo arranqué de tu cuerpo la coraza de mis claridades
tu tronco de pajas renovadas
tu tronco de luz en el campo negro de los flordenoche
tu tronco de raíz que hizo tronco y la maravilla el lecho del caracol rodante
tu gavilla tus raíces el fuego helado de tus raíces y las masas de hombres agarrados a las mamas de tus dolores
el sufrimiento como un invierno en las fuentes de las profundidades.
HUMO NEGRO
Loca loca de los ojos sin pan, florido el grito del mirlo en su sombra de saúco
(es la cuarta estrella a la izquierda viniendo por el vistazo del amo)
como una calle de esmalte grabada en la catarata vertiginosa de los tótems.
Lavas
[Se incluye solo el primer poema de la serie Lavas]
ELEMENTOS
Soles apagados en los cabellos del verdadero sol! Recobraré una salud de frutos en llamas.
Aquí los carteles nudosos, sobre los árboles, alimentados con hojas. De carne, los animales me son amigos. Los ríos pasan a través de mí hacia la transparencia de las tierras allí soy
En este rocío al infinito que las muchachas tejen en sus rostros para anunciar el amor En este rumor que los bucaneros traman sobre los claros En esta abundancia de soles que distribuye la regadera de los árboles Yo soy el río la roca impasible y en su seno el ardor de la tierra
El rayo la mano que acaricia el relámpago la mano que ofrece somos nosotros He tenido en mis dedos el pelo hirsuto de las noches Ya no duermo con la cabeza en la punta de las lanzas Ya no vivo en los cayos junto a caimanes que lavan agua fresca Estudio la arena y el cielo está contra mí, sus ojos glaucos Las sombras me son hostiles Nada menos que un esplendor El deshielo de las aguas y el árido relincho de las algas.
*
Ustedes que anudaron la zarabanda y el vértigo de los bosques A tragos francos en tu bosque de astros levantas la hoguera de las noches En tu bosque los órganos (mi vida desconocida) de las salvas del día. A grandes sorbos, la tierra surgida inminente, más allá de las aguas respirables del poema tú haces de sol, tú ganas. Dormir en el río arar el silencio Deja tus manos en los matorrales atlánticos Entre los cerros que julio de pronto alumbra oh libertad de las lágrimas en la tierra entre los árboles reconciliados Y por la navaja de la lógica suspendida.
*
Es un país que sacude las caderas para poder mirar Razas razas flechas de las cañas azagayas Nievo y hielo bajo el tamboril de los baobabs
Lo que otros escriben
En estrellas capitales
yo lo siento que rumia su floración suavemente calma entre mis brazos sus brújulas multiplicadas. Los pájaros apuntan hacia la sed arrasada de los volcanes. Quien cose el silencio de hilo blanco no tiene derecho al torneo ebrio. Yo digo que la poesía es carne.
*
Y también, raspando con su único diente (de temporal de sangre de lágrima) el gran halago de la aceptación. Una mandíbula de arenas de desiertos de sabana, que la otra sea de astros de polen: que arroje allí las estrellas los cuellos rotos el látigo el amo que sepulcra y las cañas que silban la espera y el dolor y la sangre, su poesía y su bullicio de poesía. Como, tejiendo inauditos niveles tropicales, la negra brecha bajo el viento. Escucha,
acodado al silencio,
los bramidos.
Hay un rocío de galeras en los prados de sal marina En la savia el relumbre Decanté el agua verde el agua roja, coseché asesinos las cañas y las güiras Para beber El sol es una linterna ansiada abatida Esplendores, viajeros de la espuma!
Mi casa trenzada en reto hacia el rayo, de juncos fugitivos de los hunganes de octubre, mi casa mi casa de cristal marino larga muralla de América. El rebelde condenado por enseñar a los niños que solo hay un dedo en la mano. Revuelvo el helecho de las olas. Mi despertar es de perro que arrastra su guarida bajo los puentes.
La errancia cogida en la trampa, desusada
cuándo cuándo y cuándo las campanas
descarnadas de lo inaudible?
*
Pero estoy en la historia hasta la última médula. Secularmente instalado: en este mediodía que yo decía fuerte como la ignorancia: ella rueda en mí sus guijarros. Espero, comezón del poema, las rosas Sí
soy fragmentación
en la música
nocturna.
Hombre culí-marino mar-espuma Ah el rocío de mis cabellos que creíste un brote de corales mocos No voz sino rumor Forado construido Los negros
no asesinados incinerados decapitados sino linchados Yo circulo en las hullas Mi fuerza pegada a las fuerzas! Bufones, y ahora se levantan. Un bello escándalo. En nombre aquí del plagio poético, para testimoniar un esplendor moral. Me obligo a saludar: el hombre, ese luminoso deseo de canto. Vocativo, demasiado.
*
Repentinamente el bosque grita a la vida. Las estrellas, merodeadoras, invaden las esclusas. Viva oh viva, reina. Tus pies hacen el camino, mangos abandonados. Tu piel removida es una labranza roja. Viva,
oh viva mi mañana de pradera tú mi noche de pradera violada en el combate de los toros. Deslizaste en el agua los jadeos de tu silueta cortada con vidrio. Por el vado la playa negra la arena negra de las caricias. En el astro bello astro de tus manos. Tranquila golpeada de auroras en la nave incendiada de tus sueños, y tu voz de esplendor clamado, de cizaña mezclada con cizaña: suspendo el temporal en la estación de tus labios.
Ah de golpe
el miedo de ser dos
en la belleza.
El relámpago tuyo la cabellera de las nieves el relámpago tuyo aire y amor entrelazados. Tú serpiente y labrada. Yo, espuma de tus pasos.
*
Así fui, colonia de niños mártires de perros encontrados de escualos no conversos. Oh el sufrimiento, ese golpe del viento en las calles. La pobreza es ignorancia de la tierra, lo imaginado es pasión.
Pero ninguna crepitación, ningún sol, desde que sólo la boca abierta del hombre espera. Pasemos a otros continentes.
Piedra vibrada
Hombre saqueado vivo, labor
Temporal manchado oh
por ti soy sangre, maravilloso cáliz. Raíces, raíces, no acabaré de tirar de tus mamas fecundas.
El fuego elige esta ola que creía la última para rodearme a su vez.
de Poética
de la Relación (1990)
LA BARCA
ABIERTA
Lo que petrifica, en
la experiencia de la deportación de los Africanos hacia las Américas
[La Trata pasa por la puerta estrecha
del barco negrero, cuya estela imita la reptación de la caravana en el
desierto. Su figura se presentaría así:
Al este, los países africanos, al oeste las tierras americanas. Esta bestia tiene la imagen de una fibra.
Las lenguas
africanas se desterritorializan, para contribuir a la criollización en
el Oeste. Es el enfrentamiento más cabalmente conocido entre las potencias de
lo escrito y los impulsos de la oralidad. En el barco negrero, la única
escritura es la del libro de cuentas, que consigna el valor de cambio de los
esclavos. En el espacio del barco, el grito de los deportados es ahogado, como
lo será en el universo de las Plantaciones. Este enfrentamiento resuena hasta
nosotros.]
, es sin
duda lo desconocido, enfrentado sin preparación ni desafío.
La primera tiniebla
fue el desgarro del país cotidiano, de los dioses protectores, de la comunidad
tutelar. Pero eso no es nada todavía. El exilio se soporta, incluso cuando
fulmina. La segunda noche fue de torturas, de la degeneración de ser,
proveniente de tantas increíbles gehenas. Imagínense doscientas personas
amontonadas en un espacio que apenas hubiese podido contener un tercio.
Imagínense el vómito, las carnes abiertas, la zarabanda de piojos, los muertos tirados,
los agónicos pudriéndose. Imagínense, si pueden, la embriaguez roja de las
subidas a cubierta, la escala que se ha de remontar, el sol negro sobre el
horizonte, el vértigo, ese deslumbre del cielo pegado a las olas. Veinte,
treinta millones, deportados durante dos siglos y más. La usura, más sempiterna
que un apocalipsis. Pero eso no es nada todavía.
Lo aterrador es el
abismo, tres veces atado a lo desconocido. Una vez entonces, inaugural, cuando
caes en el vientre de la barca. Una barca, según tu poética, no tiene vientre,
una barca no traga, no devora, una barca se dirige a pleno cielo. El vientre de
esta barca te disuelve, te precipita en un no-mundo donde gritas. Esta barca es
una matriz, el abismo-matriz. Generatriz de tu clamor. Productora también de
toda unanimidad por venir. Pues si estás solo en este sufrimiento, compartes lo
desconocido con algunos que aún no conoces. Esta barca es tu matriz, un molde
que sin embargo te expulsa. Encinta de tantos muertos como vivos en vilo.
De ahí que la
segunda sima sea el abismo marino. Cuando las regatas dan caza al negrero, lo
más simple es aligerar la barca arrojando por la borda la carga, lastrada con
bolas de cañón. Estos son los signos del rastro submarino, de la Costa de Oro a
las islas de Sotavento. Así, toda navegación sobre el esplendor verde del océano
‒la melancolía de las travesías transatlánticas, la gloria de las regatas
deportivas, la tradición de las carreras en yola o piragua‒ sugiere, con
evidencia de algas, esos bajíos, esas profundidades puntuadas por bolas de
cañón oxidándose apenas. El abismo es en verdad una tautología, todo el océano,
todo el mar al fin suavemente arrastrado a los placeres de la arena, es un
enorme comienzo, sólo ritmado por esas bolas verdes.
Pero, para que esas
orillas tomen cuerpo, y antes que sean pensables, ni siquiera aún visibles,
cuánto sufrimiento de lo desconocido. La cara más petrificadora del abismo,
lejos delante de la proa del negrero, es este rumor pálido del que no se sabe
si es nube de tormentas, lluvia o bruma, o humo de un fuego tranquilizador. De
ambos lados de la barca han desaparecido las riberas del río. Entonces, ¿qué
río es este que no tiene centro? ¿Es sólo un adelante? ¿Esta barca no boga eternamente
por los límites de un no-mundo, frecuentado por ningún Ancestro?
El tercer avatar del
abismo proyecta así, en la paralela de la masa de agua, la imagen invertida de
todo aquello que ha sido abandonado, que por generaciones no se reencontrará
más que en las sabanas azules del recuerdo o del imaginario, cada vez más
gastados.
Esta ascesis de atravesar
así la tierra-mar, sin saberla planeta-tierra, sintiendo desvanecerse no solo
el uso de las palabras, y no solo la palabra de los dioses, sino la imagen
cerrada del objeto más cotidiano, del animal más familiar. El gusto evanescente
de la comida, el olor perseguido de la tierra ocre y de las sabanas.
“¡Yo te saludo,
viejo Océano!” Tú preservas sobre tus crestas el sordo barco de nuestros
nacimientos, tus abismos son nuestro propio inconsciente, labrados de fugitivas
memorias. Luego dibujas estas nuevas orillas, allí fijamos nuestras llagas
estriadas de alquitrán, nuestras bocas enrojecidas y nuestros clamores
callados.
La experiencia del
abismo está en el abismo y fuera de él. Tormento de aquellos que nunca salieron
del abismo: pasaron directamente del vientre del negrero al vientre violeta de
los fondos marinos. Pero su dura prueba no murió, se reavivó en este
continuo-discontinuo: el pánico del país nuevo, la obsesión por el país de
antes, la alianza al fin con la tierra impuesta, sufrida, redimida. La memoria
no sabida del abismo sirvió de limo para estas metamorfosis. Los pueblos que se
constituyeron entonces, aunque hayan olvidado el abismo, aunque no puedan
imaginar la pasión de los que allí sucumbieron, no han dejado de tejer una vela
(un velo) con la que, sin volver a la Tierra-de-Antes, se han levantado sobre
esta tierra, repentina y estupefacta. Allí encontraron a los primeros
ocupantes, ellos también deportados por un inmóvil saqueo. O bien no olfatearon
sino su huella devastada. Tierra del más allá vuelta tierra en sí. Y a esta
vela insospechada que al fin se despliega, la irriga el viento blanco del
abismo. Y así lo desconocido-absoluto, que era la proyección del abismo y que
llevaba en eternidad el abismo-matriz y el abismo de la sima, se volvió al fin
conocimiento.
No solo conocimiento
particular, apetito, sufrimiento y alegría de un pueblo particular, no solo eso
sino el conocimiento del Todo, que crece de la frecuentación del abismo y que
en el Todo libera el saber de la Relación.
Igual que el
desgarro primordial no se acentuaba con ningún desafío, así la presciencia y la
vivencia de la Relación no se mezclan con ninguna jactancia. Los pueblos que
han frecuentado el abismo no se precian de ser los elegidos. No creen dar a luz
la potencia de las modernidades. Ellos viven la Relación, que desbrozan a
medida que les sobreviene el olvido del abismo y que también su memoria se
fortalece.
Pues si esta
experiencia ha hecho de ti, víctima original flotando en los precipicios
marinos, una excepción, ella se ha vuelto común para hacer de nosotros, los
descendientes, un pueblo entre otros. Los pueblos no viven de excepción. La
Relación no es de extrañezas sino de conocimiento compartido. Podemos decir
ahora que esta experiencia del abismo es lo que mejor se ha intercambiado.
Para nosotros, para
nosotros sin excepción, y aunque mantuviéramos la distancia, el abismo es
también proyección y perspectiva de lo desconocido. Allende su abismo, jugamos
sobre lo desconocido. Tomamos partido por este juego del mundo, por las Indias
renovadas que llamamos a voces, por esta Relación de tempestades y calmas
profundas donde honrar nuestras barcas.
de La tierra el fuego el agua y los vientos. Una antología de la poesía del Todo-Mundo (2010)
DE UN TRATADO DEL TODO-MUNDO
Ruedo por espacios y tiempos, los ríos de China en el silencio calmo, que se extienden en archipiélagos y desbordan sobre las tierras, devorando cada vez a decenas de miles de hombres y mujeres y niños en sus inundaciones rituales, consulto los calendarios del Cielo que presidían los destinos del Imperio, y los escondites de maleza y la cadena de los Ancestros de los países africanos, las sabanas enérgicas bajo sus yerbas aporcadas de fuego y los cuentos de los griots mezclados a una sabiduría que se eleva en árbol y da sombra, los delicados detalles de las mitologías de
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